25/08/2026
PAPAGAYO NOS RECUERDA AL JACÓ QUE FUIMOS. EL FUTURO DEPENDE DEL JACÓ QUE DECIDAMOS SER.
Los vecinos de Playa Panamá salieron a caminar para pedir inversión, empleo y desarrollo en Papagayo.
Esa noticia debería hacernos pensar en Jacó.
Porque la economía que hoy florece en Papagayo es, en esencia, la misma que alguna vez impulsó nuestro crecimiento: inversión privada en turismo, infraestructura y servicios. Personas que vieron una oportunidad, arriesgaron su capital y construyeron algo donde antes no existía.
Así comenzó a transformarse Jacó.
No fue un decreto ni un plan diseñado desde una oficina pública. Fueron empresarios grandes y pequeños que levantaron hoteles, restaurantes, comercios, viviendas y proyectos turísticos. Alrededor de cada inversión comenzaron a trabajar cocineros, saloneros, constructores, transportistas, encargados de limpieza, jardineros, proveedores y profesionales.
Detrás de cada habitación ocupada había un salario. Detrás de cada mesa servida había una familia. Detrás de cada nuevo negocio había alguien apostando por Jacó.
Nuestra gente entendía esa economía porque la vivía. Sabía que, cuando llegaban visitantes e inversiones, el movimiento alcanzaba al supermercado, al taxi, a la soda, al taller, al pescador y al pequeño comerciante.
Pero el mundo cambió. Y la economía también.
La misma fórmula que permitió crecer a Jacó ya no funciona con la misma facilidad. Hoy existen más destinos, más competencia y consumidores que comparan precios, experiencias y opiniones en segundos. Los costos aumentaron, los márgenes se redujeron y una buena temporada ya no necesariamente compensa varios meses difíciles.
Hoy no basta con tener una playa hermosa.
El visitante también exige seguridad, limpieza, orden, buena atención, infraestructura, conectividad, experiencias, gastronomía, espacios públicos y servicios capaces de justificar el precio que paga.
La economía turística evolucionó, escaló y se volvió más exigente. Por eso también deben escalar nuestros servicios y su calidad.
Los empresarios de Jacó tienen que entenderlo. Algunos negocios deberán modernizarse, capacitar mejor a su personal, elevar sus estándares, mejorar la experiencia del cliente y descubrir nuevas formas de competir. No podemos cobrar los precios de hoy ofreciendo los servicios de ayer.
Adaptarse primero será necesario para sobrevivir. Crecer y evolucionar vendrá después.
Pero esa exigencia no puede dirigirse solamente al sector privado. También la Municipalidad debe evolucionar.
No podemos enfrentar una economía más competitiva con más burocracia, más incertidumbre, más confrontación y una administración local que parece sentirse más cómoda peleando contra el desarrollo que ayudando a ordenarlo.
El conflicto con Punta Leona es solamente el ejemplo más visible. El problema de fondo es una relación cada vez más tensa entre el gobierno local y quienes invierten, producen empleo y sostienen la actividad económica del cantón.
Eso no significa que una empresa pueda colocarse por encima de la ley. Las playas deben seguir siendo públicas, las normas deben cumplirse y el ambiente debe protegerse.
Pero gobernar tampoco consiste en convertir cada diferencia en una guerra.
La autoridad puede fiscalizar sin humillar. Puede ordenar sin atropellar. Puede exigir el cumplimiento de la ley respetando también el debido proceso. Puede proteger lo público sin olvidar que detrás de cada empresa hay trabajadores, proveedores y familias que dependen de que esa actividad continúe.
El empresario debe aprender a competir. La Municipalidad debe aprender a gobernar.
Mientras el sector privado necesita elevar la calidad de sus servicios, el gobierno local debe brindar seguridad jurídica, trámites eficientes, calles transitables, limpieza, espacios públicos dignos, orden urbano, seguridad y reglas claras.
No se puede pedir más inversión mientras se castiga a quien ya invirtió. No se puede hablar de empleo mientras se vuelve más difícil sostener una empresa. No se puede prometer desarrollo mientras se cierran las puertas por donde tendría que entrar.
Jacó, además, necesita reducir su dependencia de la temporada turística. Por eso atraer personas para que vivan permanentemente aquí no es solamente una campaña inmobiliaria: es una estrategia para darle estabilidad a nuestra economía durante los doce meses.
Un residente compra alimentos, utiliza comercios, contrata servicios, alquila o adquiere vivienda y visita restaurantes incluso durante la temporada baja. Su presencia mantiene una mesa ocupada un martes de septiembre y ayuda a que un negocio pueda conservar trabajadores cuando ya no quedan turistas caminando por la avenida.
Pero para que más personas elijan vivir aquí, Jacó también debe ofrecer calidad de vida. Debe ser un lugar limpio, seguro, ordenado y atractivo no solamente para pasar un fin de semana, sino para construir una vida.
Ese es el próximo paso de nuestra evolución económica: pasar de depender casi exclusivamente del visitante temporal a construir también una comunidad de residentes, empresarios, profesionales e inversionistas que produzcan y consuman durante todo el año.
Papagayo nos recuerda al Jacó que comprendía que la inversión privada podía transformar una comunidad. Pero también nos muestra cuánto ha evolucionado el mercado y cuánto debemos evolucionar nosotros.
El pasado nos trajo hasta aquí. Pero el pasado, por sí solo, no nos llevará hacia el futuro.
Jacó tendrá que adaptarse para sobrevivir, elevarse para competir y evolucionar para volver a crecer.
La pregunta es si su gobierno local ayudará a abrir ese camino o continuará en conflicto con el mismo desarrollo que alguna vez le dio vida a nuestro cantón.
Vecinos de Playa Panamá marchan para pedir inversión, empleo y desarrollo en Papagayo Municipales - El Mundo CR