06/01/2026
Durante casi tres décadas, Zach Galifianakis hizo algo que nadie le pidió y que tampoco se encargó de contar.
Mucho antes de The Hangover, cuando apenas sobrevivía como comediante, conoció a Marie “Mimi” Haist en una lavandería de California. Ella no tenía casa, dormía ahí mismo, escondiéndose por las noches entre las lavadoras, juntando las monedas que otros olvidaban.
Galifianakis le consiguió un pequeño departamento y pagó la renta mes tras mes. La fama llegó después y ni las películas, el dinero o el reconocimiento cambió el acuerdo. La renta siguió pagándose igual.
Con el tiempo se volvieron amigos y él la invitó a premieres, a alfombras rojas. Mimi contaba que se arreglaba elegante, caminaba entre actores y luego regresaba a casa en limusina, como si por unas horas hubiera entrado a otra vida. Y luego todo volvía a la normalidad.
Esa rutina duró 27 años. Hasta que Mimi murió, a los 96.