10/08/2026
DE PARRANDA EN PARRANDA 🚫‼️
Mientras el presidente Abelardo de la Espriella disfrutaba el domingo 9 de agosto del Desfile de Silleteros que cerró la Feria de las Flores en Medellín, acompañado de su esposa y el vicepresidente, el país vivía un fin de semana marcado por la continuidad de la violencia armada. En Cauca, Tolima y otras regiones, disidencias de las FARC y estructuras criminales mantuvieron hostigamientos, ataques con drones y explosivos que dejaron a civiles confinados en medio de combates, al tiempo que la Fuerza Pública reportaba neutralizaciones de cabecillas del Clan del Golfo y de disidencias de alias Iván Mordisco. El contraste es evidente: el jefe de Estado, apenas dos días después de posesionarse con promesas de “mano dura” y recuperación del orden, eligió un acto protocolario y festivo en una ciudad relativamente segura, mientras la Defensoría del Pueblo alertaba por una escalada de hechos violentos en once departamentos.
Esta imagen de un presidente sonriente entre flores y silleteros, frente a un mapa nacional teñido de enfrentamientos y mu***os, alimenta la crítica de que el nuevo gobierno privilegia la puesta en escena sobre la urgencia territorial. Aunque las operaciones militares del Ejército produjeron resultados concretos —como la baja de alias “Ruso” y otros miembros de estructuras ilegales—, la percepción de que el mandatario se ausentó simbólicamente de las zonas más golpeadas debilita el mensaje de autoridad que pretende transmitir. En un país donde la violencia no espera a que terminen las ferias, la ausencia del presidente en los escenarios de crisis, aunque sea momentánea, se interpreta como una desconexión con el sufrimiento cotidiano de las comunidades atrapadas entre el fuego de los grupos armados y la respuesta del Estado.