09/06/2026
La matriz de riesgos es uno de los instrumentos centrales de la planeación contractual. Su función no es simplemente enunciar posibles problemas, sino identificar, valorar, asignar y gestionar los riesgos previsibles que pueden afectar la ejecución del contrato estatal.
Técnicamente, una matriz seria debe responder varias preguntas básicas:
qué riesgo puede ocurrir, cuál es su causa, qué probabilidad tiene, cuál sería su impacto, quién está en mejor posición para asumirlo, qué medidas de mitigación deben adoptarse y cómo se hará seguimiento durante la ejecución contractual.
Por eso, no todo riesgo debe trasladarse automáticamente al contratista. La asignación debe ser razonable, proporcional y coherente con la naturaleza del contrato. Un riesgo que depende de la entidad no debería imponerse sin justificación al particular; y un riesgo propio de la operación técnica del contratista tampoco debería quedar sin responsable.
Cuando la matriz se elabora de forma genérica, incompleta o desconectada de los estudios previos, se debilita la planeación, se distorsiona el equilibrio económico, se aumentan las controversias y se afecta la transparencia del proceso.
En contratación estatal, planear bien también significa distribuir correctamente las cargas del contrato.
Una matriz de riesgos no previene todos los problemas, pero sí permite que los riesgos previsibles no se conviertan en improvisación, sobrecostos o litigios evitables.