07/08/2026
Un desconocido lo llamó y le mandó por WhatsApp la foto de su credencial del banco.
Le dijo su nombre completo, su RUT, sus números de cuenta y sus últimos movimientos bancarios.
Después le pidió que entrara a su aplicación para poder proteger su plata.
José Ignacio es ingeniero. El último día de cada mes recibe su sueldo y al día siguiente siempre lo distribuye de la misma forma: 600 mil pesos al colegio de su hija, 800 mil pesos a la persona que trabaja en su casa, paga la luz, el agua, el gas y la isapre.
Nunca en su vida había gastado más de 300 mil pesos en un solo día y mucho menos había pedido un crédito de consumo.
Mientras la voz del teléfono le explicaba que todo estaba bajo control, la plata empezó a salir.
Primero dos millones y medio de pesos. Después otros dos millones. Todas las transferencias iban dirigidas al Banco de Colombia.
Luego vinieron pagos consecutivos al mismo comercio a través de una pasarela de pago chilena, uno cada tres minutos.
Eso no es un cliente comprando. Es un delincuente sacando plata por tramos, probando hasta dónde puede llegar sin que el banco lo detecte.
Y, para su buena suerte, pudo llegar hasta el final.
Fueron 49 minutos.
Cuando cortó el teléfono tenía su cuenta bancaria en cero y una deuda de 17 millones de pesos que jamás había pedido.
Meses después me tocó leer el informe de fraude del Banco Santander.
Ahí dice que su propio sistema marcó la operación como de alto riesgo de fraude.
La conexión venía desde una dirección IP que José Ignacio nunca había utilizado.
Se eliminó el token de seguridad de su dispositivo móvil e inmediatamente se activó en otro celular.
Además, el volumen de las transacciones no correspondía a su comportamiento habitual.
No es que el banco no supiera lo que estaba pasando.
Lo anotó.
Lo miró.
Lo registró.
Y lo dejó pasar.
¿Por qué?
Porque le convenía que José Ignacio se endeudara en 17 millones de pesos. Era un excelente cliente bancario y era evidente que intentaría pagar esa deuda.
Cuando José Ignacio reclamó, Banco Santander no le devolvió su plata, no anuló el crédito y terminó demandándolo a él.
Y sé lo que estás pensando, porque es exactamente lo que piensan todos mis clientes cuando reciben ese correo del banco:
“Hice todo mal. Me van a demandar. Mejor pago.”
No.
La ley dice que, si el banco no quiere devolverte la plata porque, según su supuesta investigación, existen antecedentes evidentes de culpa grave, entonces debe demandarte ante el Juzgado de Policía Local y probar en ese juicio que realmente fue tu culpa.
El banco no puede quedarse con tu plata sin que un juez así lo ordene.
Tiene dos opciones.
Investigar seriamente y, si descubre que falló, devolver el dinero.
O no realizar una investigación seria, rechazar el reclamo y demandarte, esperando que te asustes, te canses y termines pagando.
Te llaman.
Te amenazan con demandarte.
Que demanden.
Porque existe una norma que favorece al banco cuando la operación fue realizada con autenticación reforzada y presume que fue el cliente quien autorizó la operación.
Pero toda presunción admite prueba en contrario.
Los bancos no solo tienen la obligación de verificar quién entra a una cuenta y quién autoriza una transacción.
También tienen la obligación de monitorear lo que ocurre dentro de esa cuenta.
Deben contar con sistemas de monitoreo de transacciones, detectar patrones de fraude, gestionar sus propias alertas y detener cualquier operación sospechosa que escape del comportamiento habitual del cliente.
Son obligaciones distintas.
Que la clave haya sido ingresada correctamente no demuestra que el banco haya monitoreado adecuadamente las operaciones.
Y esto no es imposible.
Ese mismo día, a la misma hora y respecto del mismo cliente, Banco de Chile detectó tres intentos de transferencias por 350 mil pesos.
Las operaciones provenían de otro celular, desde una dirección IP desconocida y después de un cambio de clave.
Ese banco sí bloqueó inmediatamente los productos y no autorizó ninguna operación.
No fue porque hubiera una persona mirando todas las transacciones de todos los clientes en tiempo real.
Fue porque existen sistemas informáticos sofisticados que funcionan las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Analizan cuándo, cómo y desde dónde se comporta cada cuenta.
Y lo más grave es que, desde el 1 de agosto de este año, la banca mejoró el sistema de autenticación reforzada.
Pero pareciera estar olvidando lo más importante:
Los sistemas de monitoreo de transacciones.
¿Qué está pasando ahí?