07/10/2020
Les dejamos este Articulo!
Libre conciencia....
¿Cristianos libertarios?
Se ha observado un creciente interés en el discurso libertario, por parte de muchos cristianos evangélicos, que ven en esta postura económica y política los argumentos filosóficos ad hoc para enfrentar la retórica de izquierda. Figuras como Axel Kaiser, Javier Milei, Gloria Álvarez, y otros portavoces, se han transformado en personalidades dignas de admiración para muchos evangélicos. Aunque lo atractivo del libertarianismo es su pensamiento crítico, sistemático y estructurado contra las estructuras de poder totalitarias, propias de dictaduras que regaron la tierra con la sangre de muchos hermanos, es necesario que aún en estas líneas de pensamiento, que parecen ser más empáticas con la libertad de culto, seamos diligentes en “probar todos los espíritus si son de Dios” (1 Jn. 4:1).
El libertarianismo es una corriente filosófica que combina los principios del liberalismo clásico y smithiano, con el objetivismo agnóstico de Ayn Rand, y principios anarcoliberales propios del catolicismo liberal (Lord Acton y J.R.R Tolkien). Tiene varias ramas de pensamiento: liberalismo económico, paleolibertarianismo, anarcocapitalismo, la lista es amplia. Sin embargo, todos insisten en que el Estado, al limitar la libertad del ser humano, es una entidad problemática que debe desaparecer (anarquismo) o reducirse a un mínimo tolerable o razonable (minarquismo). La diferencia con el anarquismo filosófico de izquierda, es que éste último niega que se deba establecer el mercado capitalista como mecanismo de supervivencia humana, junto con una devota confianza en los resultados positivos del caos. Sin embargo, si el anarquismo le enciende velas al caos, el libertarianismo rinde culto a la libertad como una virtud insuperable y redentora.
Ante el divino Tribunal de las Escrituras, el libertarianismo peca en venerar la libertad como máxima intocable. Aunque libertarios insisten menos en la bondad natural del hombre que los anarquistas, sostienen la libertad desde un ángulo en el que el mejor escenario posible es que todas las voluntades consientan determinada convivencia, por lo que les resulta posible alcanzar un ideal humanista próspero sin el evangelio. El discípulo de Cristo puede objetar la base de esta premisa diciendo que, aunque logremos estar de acuerdo y ofrecer nuestro consentimiento expreso en cada actividad de nuestra sociedad, mientras no nos postremos con fe a los pies de Cristo, en obediencia a sus mandatos y en conformidad a la ley de Dios, no se alcanzará bien alguno para el hombre. Es más, a través de la lógica del consentimiento y “respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo”, no hay motivos para oponernos a las uniones homosexuales, la fornicación, el divorcio o el ab**to. El precioso evangelio, con su exposición de la ley de Dios y su llamado al arrepentimiento, es, bajo estas conjeturas, un mensaje opuesto a la libertad del individuo a definir su propio destino.
Aunque pueda resultarnos cercano a los principios bíblicos del resguardo de la propiedad privada y el respeto a la libertad de conciencia, debemos ser críticos al respecto de toda filosofía que venga con huecas sutilezas (Col.2:8), sabiendo que tenemos un Rey al que debemos someter todo pensamiento a su obediencia (2 Co.10:5). No podemos servir a dos señores, o a Dios y su Palabra, o al concepto humanista de libertad y convivencia.