17/03/2026
A raíz de mi anterior publicación, he decidido publicar una serie de artículos dedicada a las estafas o “Scam”.
¿De dónde viene la palabra “scam”? Y por qué la estafa no es un invento moderno.
La palabra inglesa scam aparece documentada en el siglo XIX en Estados Unidos, probablemente como abreviatura de scamp (sinvergüenza) o vinculada a expresiones del argot criminal.
Pero el concepto es mucho más antiguo.
Las estafas existen desde que existe la confianza humana.
En el siglo XVIII ya circulaba el famoso fraude del “Spanish Prisoner”: una carta que relataba la historia de un noble español encarcelado injustamente y que necesitaba dinero para ser liberado. A cambio, prometía una gran recompensa.
¿Te suena?
Es el antepasado directo del llamado “fraude nigeriano”.
En 1925, el estafador checo Victor Lustig logró vender la Torre Eiffel como si fuera chatarra. No una vez, sino dos. Convenció a empresarios de que el gobierno francés quería desmantelarla discretamente.
En España, el caso Fórum Filatélico (2006) afectó a más de 200.000 personas mediante una estructura piramidal basada en sellos supuestamente revalorizables.
En Estados Unidos, Bernard Madoff construyó durante décadas el mayor esquema Ponzi de la historia moderna.
Las estafas cambian de formato, pero no de esencia.
Siempre apelan a lo mismo:
- Urgencia
- Oportunidad única
- Autoridad aparente
- Promesa de ganancia o recuperación
Y siempre funcionan igual:
Primero generan confianza.
Después explotan la emoción.
Finalmente, presionan para actuar rápido.
Ni particulares ni profesionales estamos exentos.
Esta semana recibí en mi despacho un intento de fraude internacional cuidadosamente diseñado.
Y eso me ha animado a iniciar esta pequeña serie sobre los principales scams que circulan hoy en día.
En el próximo post hablaré del fraude más frecuente en Suiza entre recién llegados: la vivienda inexistente que “se alquila” desde el extranjero.
Porque la mejor defensa siempre es el conocimiento.