Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

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💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “AMORES DE ANTEAYER  " , de  Solo en los Talleres CuentaCuentos de Daniel PetasneSetiembre: Todo  Am...
22/08/2026

💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “AMORES DE ANTEAYER " , de
Solo en los Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne
Setiembre: Todo

Amores de anteayer es un cuento de Mario Benedetti publicado en 2003 dentro del libro El porvenir de mi pasado. Narra un amor juvenil nacido en 1944 entre Rodrigo Aznárez y Natalia Oribe, que se interrumpe por el destino y se reencuentra más de medio siglo después, en el año 2000.

TEMAS CENTRALES :
🔴Memoria y tiempo
🟠 Amor clandestino
🟡Destino y azar
🟢Nostalgia y reencuentro

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22/08/2026
16/08/2026

Los siete granaderos
Autor: Luis Alberto Acuna

Hay una hora en la mañana en la que la niebla que cubre Buenos Aires como un tul, se va disipando para mostrar de a poco las cúpulas de las grandes iglesias barrocas y la catedral. Mientras la ciudad va despertando, con los carruajes sonando sobre el empedrado, el cabildo de pronto asoma como un navío silencioso que ha perdido su carga y navega sin rumbo, a punto de encallar.
Allí, de pie en medio de la plaza un grupo de hombres espera. Se oye desde el puerto, la lejana sirena de un barco. Dan la impresión de haber salido de una batalla.
Sus viejos uniformes azules, ya no tienen el tono original, y han derivado a un color indefinido, donde las manchas se confunden con algunas roturas mal disimuladas. El barro en sus zapatos se ha secado, y falta algún que otro botón en las chaquetas.
Uno de ellos lleva una trompeta.
Su rostro cetrino, denota una ascendencia indígena. Se llama Miguel Chepoyá, y pertenece al regimiento de granaderos a caballo. Chepoyá fue unos de los 300 guaraníes que llamados por el General, se incorporaron al ejercito de los Andes. Y el único que volvió.
Los otros siete que lo acompañan, han pasado al igual que él por todas las batallas de la independencia. Allí están el Coronel José Félix Bogado, el que juntó a los sobrevivientes y los condujo en una marcha que duró meses desde el Alto Perú. Estan Rojas, Rosales, Gómez, Vargas y Francisco Olmos. De los más de mil hombres que habían iniciado el cruce de los Andes, solo volvieron setenta y ocho sombras andrajosas. Y tres traidores.
Pero de esos setenta y ocho, solo ellos siete estaban desde la primera hora.
Chepoyá había nacido en la reducción de Santa María la Mayor, en el seno de las Misiones. Se incorporó al regimiento como trompeta de caballería o trompeta de órdenes y fue él quien en la batalla de San Lorenzo, tocó la orden de carga sin parar, cuando vio al general abatido bajo su caballo.
Del trompeta dependía que las órdenes del general se transmitieran en medio de la batalla. En medio del fragor de la carga enemiga, ante el estruendo de la caballería y los disparos, el trompeta debía permanecer firme.
Cada orden del general, debía ser trasmitida con precisión, sin que diera lugar a equivocación alguna. Uno era el toque para la marcha y otro para la orden de alto, otro el toque para el avance de la caballería y otro para el toque a degüello.
De la precisión y firmeza del trompeta de órdenes dependía la vida de miles de hombres. Varias veces había tenido que tocar Chepoyá el toque a degüello, que significaba avanzar sobre las tropas enemigas sin ningún miramiento, sin tomar prisioneros. Desde Chacabuco a Junín, desde Moquegua a Ayacucho, Chepoyá hizo sonar su trompeta dirigiendo la batalla.
En esa mañana su memoria viajaba hacia esas lejanas tierras y volvía a sentir piafar de los caballos, y el tintineo de los sables. En Cancha Rayada, en la oscuridad de la noche, cuando la campaña estuvo al filo del desastre, sonó su trompeta llamando a reunión, alejando a lo que quedaba del ejército de las tropas enemigas.
En Moquegua; ya en el Alto Perú, la derrota fue total. Perdieron allí más de setecientos hombres y de no haber sido por la el general Lavalle , que arremetió una y otra vez durante veinte cargas a los realistas que lo superaban en número , hubieran mu**to allí , en medio de aquellas áridas montañas.
Y luego de la derrota, la huida por mar intentando llegar al Callao en dos bergantines que naufragaron antes siquiera de llegar a Pisco. Dos días vagaron por el desierto con Lavalle a la cabeza intentando salir de ese laberinto de arena.
Y cuando ya daban todo por perdido, aparecieron los húsares enviados a su rescate. Tarde llegaron. Más de cien compañeros quedaron en esas arenas infames.Todo eso pasaba por la mente del sargento, mientras miraba el ligero resplandor que anunciaba la salida del sol por el lado del río.
Francisco Olmos era otro de los bravos. Nacido en Catamarca, su pasión por los caballos y esas ansias de probar su coraje lo llevaron también a enrolarse tempranamente en el recién nacido cuerpo de Granaderos.
Había sido herido varias veces, y cada una de ellas había regresado. Como un espectro que regresa de la muerte. En Ayacucho el mismo Bolívar tuvo que dar fe de la bravura y el coraje de Francisco Olmos.
-Llegaron a tiempo - dijo uno de los hombres - sabía que podía contar con ustedes
-No podía ser de otra manera - respondió Olmos.
El que había hablado era el Coronel Bogado, el paraguayo que luego de haber sido secuestrado y liberado por los realistas, se había unido a los granaderos luego de la batalla de San Lorenzo.
A él le había tocado la tarea más difícil. Tras el motín del Callao, donde varios de sus compañeros de armas habían decidido arriar la bandera de las provincias unidas para pasarse al bando realista, con la consiguiente pérdida del fuerte, le tocó a él salvar la honra del regimiento.
Por eso habían traído consigo a los tres traidores. No fue fácil hacer la travesía de vuelta a su tierra, con tres prisioneros. Tres prisioneros que habían peleado junto a ellos, que como ellos habían sufrido el hambre, el frio y las descargas del enemigo.
Pero el General era muy claro en esas cosas.
Jamás un granadero debía bajar la cabeza en la batalla. Y mucho menos amotinarse o desertar. Eso era imperdonable. Por eso tuvo que hacer lo que hizo, y estaba tranquilo con ello. Pero todavía lo perseguía el recuerdo de esos tres, que cruzaron la cordillera de vuelta a la patria con grilletes en los pies y la deshonra en los rostros. Los ahorcaron en la Plaza. Traición a la patria fue la sentencia.
—Recuerda usted la carga de Riobamba?— preguntó Paulino Gómez sacándolo de esos recuerdos poco gratos— fue como cabalgar hacia el mismo in****no. Éramos ochenta contra más de cuatrocientos…
—Pero teníamos a Lavalle — observó el coronel
—Sí, es verdad, teníamos a Lavalle.
— ¿Habrá valido la pena todo eso?— preguntó Vargas como si supiera lo que su jefe estaba pensando
—Valió la pena, Vargas, no lo dude—respondió el coronel — gracias a eso tenemos Patria.
—A veces pienso—insistió Vargas — que por cómo nos recibieron y nos han olvidado, hubiera sido mejor morir en batalla.
—Todos morimos en batalla— terció Olmos— aunque hayamos vuelto. Solo somos fantasmas del pasado.
El coronel Bogado asintió .La sirena volvió a escucharse, en el amanecer esta vez mucho más cerca.
—A usted también lo enviaron a combatir con los indios?— quiso saber Francisco Olmos
—Como a la mayoría — respondió el coronel — si hubiera estado el General no lo hubiera permitido
—No lo hubiera permitido—asintió Olmos.
—Ya viene— dijo Chepoyá
—Si ya viene— asintió Olmos.
Los siete granaderos hicieron una leve señal y cada uno fue a buscar su caballo que pacientemente los había esperado sin siquiera una soga o un cabestro. Antes de montar, los siete granaderos se cuadraron y Chepoyá hizo sonar su trompeta, quizá por última vez.
—Vamos—dijo el sargento Olmos—
—Vamos —respondieron los otros —
Y comenzaron a marchar a paso regular por el empedrado de la ancha avenida, mientras el sol asomaba tras los árboles de la plaza.

Luis Alberto Acuña . 2026

💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “LOS GATOS ANTROPÓFAGOS  " , de  Solo en los  CuentaCuentos de Daniel PetasneAgosto: Todo  Perros & ...
06/08/2026

💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “LOS GATOS ANTROPÓFAGOS " , de

Solo en los CuentaCuentos de Daniel Petasne
Agosto: Todo Perros & Gatos

El relato aparece en la colección Sauce ciego, mujer dormida. Se presenta como una noticia breve: en un pueblo cercano a Atenas, una anciana muere sola en su casa y sus gatos, al quedar sin alimento, comienzan a devorar su cuerpo. El narrador cuenta el hecho con tono distante, casi periodístico, sin añadir explicaciones ni juicios.

El cuento no desarrolla personajes ni trama más allá de ese suceso: lo que impacta es la crudeza del hecho y la ambigüedad que deja abierta. ¿Fue un accidente natural? ¿Una metáfora de la soledad? ¿Un símbolo de la fragilidad de los vínculos? Murakami no responde.

TEMAS CENTRALES :

🔴la frontera entre lo cotidiano y lo fantástico
🟠la soledad y el misterio.
🟡crónica policial, metáfora existencial y extrañeza onírica

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💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “La cola del perro " , de Marco DeneviSolo en los Talleres CuentaCuentos de Daniel PetasneAgosto: To...
03/08/2026

💥PRÓXIMA LECTURA💥 : “La cola del perro " , de Marco Denevi

Solo en los Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne
Agosto: Todo Perros & Gatos

“La cola del perro” de Marco Denevi es un cuento breve pero cargado de simbolismo, que funciona como parábola crítica sobre la represión de la alegría y la obsesión por la utilidad.

SINOPSIS : En una casa gobernada por un Amo obsesionado con la utilidad, todo lo que no cumple una función práctica es eliminado: el pavo real por inútil, el gato obligado a cazar, el caballo a trabajar, los pájaros a limpiar insectos.

El Perro, útil como guardián, recibe una prohibición absurda: no puede mover la cola, porque ese gesto de alegría y afecto es considerado una frivolidad. Al perder su espontaneidad, el Perro se amarga, se vuelve agresivo y su esencia se destruye.

TEMAS CENTRALES :

🔴Crítica a la lógica utilitarista
🟠Represión de la espontaneidad
🟡Autoritarismo y control

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TÍTULO : EL DUENDE (Para Tamy, de la abuela Stella)AUTORA:  MayolCATEGORÍA:  GÉNERO:  EL DUENDE     El bosque lucía radi...
26/07/2026

TÍTULO : EL DUENDE (Para Tamy, de la abuela Stella)
AUTORA: Mayol
CATEGORÍA:
GÉNERO:

EL DUENDE

El bosque lucía radiante, tan pleno de luz que contagiaba alegría. Sin embargo, el león no parecía contento, caminaba cabizbajo, hurgando cada centímetro de hierba y cada pozo que encontraba. El topo sobresaltado, le preguntó muy tímidamente qué le ocurría:

— He perdido el rugido y no puedo encontrarlo—. respondió el león muy afligido

¡Y qué era un león sin poder rugir! ¿Cómo iban a respetarlo?
El topo conmovido se ofreció a ayudarlo, ya que él podía revisar los distintos túneles, como buen topo que era. Pero fue inútil.
Si sobre la hierba y debajo de ella el rugido no estaba, quizás se escondería más alto.
Juntos fueron por la jirafa, ella era tan alta, que tal vez podría verlo.
La jirafa estaba molesta:

—Colgué en la rama del abeto mi bufanda para ir a tomar agua y cuando volví, ya no estaba.

Ahora, con su largo cuello desprotegido, podía enfermarse.
Los tres continuaron buscando, primero el rugido y ahora la bufanda. En el camino se encontraron con el oso:

— ¡Quiero mi cubo de miel! — reclamaba furioso
— ¡Nosotras también perdimos las nueces guardadas en el pino! — gritaban en coro desde el suelo las ardillas.

Era evidente que, algo muy raro ocurría en el bosque esa mañana, pues a cada uno de los animales les faltaba alguna pertenencia.
De pronto, el cocodrilo no tenía su gorro de dormir y al hipopótamo le faltaba el tazón. ¿Con qué iba a tomar la leche?

— Tal vez la lechuza, que no duerme por la noche, sepa qué sucedió- dijo el tigre al que le habían desaparecido sus rayas y ya nadie le tenía miedo.

—¡Señora, señora lechuza! Gritaron al unísono, todos los animales del bosque.
La lechuza se despertó sobresaltada, abrió los grandes ojos, giró la cabeza de lado a lado y, entre molesta y sorprendida por tamaña comitiva les preguntó:

— ¿A qué se debe tanto alboroto?

Todos juntos comenzaron a contar sus penurias, a lo que la lechuza, enojada, les pidió que hablaran de a uno.
Enterada de los hechos, meneó la cabeza, se rascó, pensó, pensó y recordó haber visto una pequeña sombra, pero no recordaba nada más. Desilusionados, el león, la jirafa, el oso, la ardilla, el cocodrilo y el tigre se lamentaron de su poca memoria.
Al verlos tan tristes, el pino abuelo, que había permanecido callado, carraspeó un poco para llamar la atención de la concurrencia. Todos miraron, con cierto desdén, qué podría saber él, se dijeron unos a otros, si siempre esta en el mismo lugar.
El viejo árbol ignoró esas miradas y , les recomendó buscar al duende de la flor naranja que era muy travieso y le gustaba hacer este tipo de bromas.
Los animales del bosque se miraron unos con otros, nunca habían oído hablar de tal duende. ¿Dónde lo encontrarían?

—Busquen la única flor naranja de los alrededores. - dijo solemne el pino abuelo

Así lo hicieron y grande fue la sorpresa cuando al encontrarla, descubrieron que era el gorro del hombrecito quien dormía plácidamente en el hueco de un tronco caído, junto a los objetos que se había llevado por la noche.
Sigilosamente cada uno fue recuperando lo perdido: el león su rugido, la jirafa la bufanda, el oso su cubo de miel, las ardillas sus nueces y el tigre sus rayas.
Para darle una lección al duende tomaron la flor naranja. El gnomo desprovisto de su sombrero se despertó. Tal susto se llevó al verse rodeado de caras poco amistosas que, ¡tuvo un ataque de hipo!
Los animales rieron con ganas y se alejaron, pues ya tenía bastante castigo. ✒️

©Stella Mayol 2026 - Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

TÍTULO: UN COFRE CON SORPRESASAUTORA: Alicia FerrariCATEGORÍA:  GÉNERO:  UN COFRE CON SORPRESASEn homenaje a Ernesto Fer...
25/07/2026

TÍTULO: UN COFRE CON SORPRESAS
AUTORA: Alicia Ferrari
CATEGORÍA:
GÉNERO:

UN COFRE CON SORPRESAS

En homenaje a Ernesto Ferrari, mi abuelo,
que vive eternamente en las páginas de mi memoria.

Abrí el cofre de madera del nono cubierto de polvo y recuerdos. Estaba escondido en un rincón del desván de la casa de mis padres. Junto a mi hermana estábamos vaciando, por etapas, esos espacios que habían sido nuestro hogar de la niñez.
Sentí mucha curiosidad por conocer su contenido: fotos en sepia de mis abuelos jóvenes en Godiasco, su pueblo natal, la foto de casamiento con fecha 29 de enero de 1914, y ese mismo año, en el mes de octubre, el nacimiento de mi tío Carlo. Pero, la foto que más me impactó fue la de Ernesto con el uniforme de soldado. Había un certificado amarillento y con manchas de humedad con el membrete del Distrito Militar de Pavia; resultó ser la carta de reclutamiento al ejército. Era el comienzo de la Primera Guerra Mundial en mayo de 1915. Las tres medallas conmemorativas reposaban sobre un paño de terciopelo rojo carmesí totalmente deshilachado. El tintineo de los metales al levantarlas, con mucha emoción, me evocó otras épocas de esa casa que ahora era habitada por los fantasmas del pasado.
Me llamó la atención la base del cofre que había quedado al descubierto. Mis dedos recorrieron la tela que la cubría hasta sentir un clic metálico y al liberarse el compartimiento, descubrí que algo había estado escondido allí por más de un siglo: un cuaderno de bitácora.
Era sobre las vivencias de Ernesto durante la guerra. Estaba escrito en dialecto y me costaba entender algunas palabras a pesar de haber cursado mi escuela primaria y secundaria bilingüe en italiano.
1 de diciembre de 1915
Estamos llegando a la zona montañosa de los Alpes. Sabemos que el enemigo está cerca. Formo parte de las cuadrillas de excavadores que a puro pico, barrenas y dinamita trabajamos por turnos para terminar las trincheras lo más rápido posible. Creo que el clima es más letal que el enemigo. Todos tememos al “pie de trinchera”. Luigi, mi amigo de la niñez, sufrió la amputación de su pie derecho por congelamiento.
Seguí hojeando el cuaderno.
15 de diciembre de 1915
La oscuridad es total, las ventiscas parecen látigos castigándonos sin piedad. Ráfagas de artillería iluminan el horizonte y hay peligro inminente de avalancha. Estamos en las trincheras todos apiñados para combatir la hipotermia. Solo un milagro puede salvarnos…
25 de diciembre de 1915
No sabía dónde estaba. Al despertar un ángel me estaba sonriendo. Era el rostro más bello que nunca antes había visto. Sentía un dolor muy fuerte en la espalda y no me podía mover.
Ella estaba vestida de blanco. Era una enfermera voluntaria del hospital de campaña donde me habían trasladado desde el bombardeo. Tuve la suerte de quedar debajo de toda la pila humana que salvó mi vida. Recuerdo las palabras de Augusta cuando desperté: “Ernesto, has vuelto a nacer. Tienes que ponerte fuerte para recuperarte.”
2 de enero de 1916
Empecé a caminar. Tengo que hacerlo con bastón, pero pronto lo voy a dejar. Hoy le escribí una carta a mi familia en Godiasco. Extraño a mi hijito Carlo que ya tiene más de un año. ¿Cómo será? ¿Se parecerá a mí o a María? Los siento tan lejanos.
3 de enero de 1916
Estoy acompañado por Augusta casi todo el tiempo. Ella sostiene mi mano mientras caminamos y hablamos mucho. Estamos muy solos en este lugar del mundo donde no se sabe si vamos a estar vivos mañana.
10 de enero de 1916
Todos los días llegan heridos y las bajas son numerosas. No quiero volver al frente de guerra, pero imagino que en cualquier momento me darán el alta médica. Tengo pesadillas horribles que no me dejan dormir: me veo hacinado en las trincheras, rodeado de ratas y cadáveres. Siento que no puedo respirar porque me estoy ahogando en el lodo. Grito y me despierto…
11 de enero de 1916
Hoy besé a Augusta por primera vez. Creo que me estoy enamorando.
12 de enero de 1916
Amo a mi esposa y a mi hijo, pero este sentimiento hacia mi adorado ángel no lo puedo detener, no para de crecer. Ella ocupa mis pensamientos noche y día. Somos almas gemelas.
13 de enero de 1916
Queremos huir hacia Suiza y comenzar una nueva vida. No volvería a ver a mi familia nunca más y viviría escondido por el resto de mis días.
No sabía si seguir leyendo los relatos de mi abuelo, no era quién para juzgarlo. Había atravesado una historia dramática y, tal vez, el amor le había permitido seguir adelante.
—Ali, ¿seguimos mañana? —me preguntó mi hermana desde la planta baja.
—Dale, bajo—respondí guardando el antiguo cuaderno en mi mochila.
Esa misma noche, ya en la cama continué con la lectura.
1 de febrero de 1916
Hoy recibí carta de María y también una foto del pequeño Carlo. Es muy parecido a mí. Estoy roto. Ella me ama y me necesita. No le importa cuánto tiempo pase siempre me estarán esperando…
2 de febrero de 1916
Ya me notificaron que en unos días más me darán el alta para volver al frente de batalla. ¿Podré decirle adiós a Augusta?
10 de febrero de 1916
Augusta está embarazada. Quiere que huyamos a Suiza. Ella tiene contactos que nos van a ayudar. No estoy preparado para esto.
15 de febrero de 1916
Una serie de proyectiles cayeron con velocidad mortal desde el cielo impactando de lleno en el hospital. Mi ángel y nuestro bebé ya no están en este mundo. ¡Cuánto dolor, Dios!

Ernesto siguió amando a Augusta en silencio hasta el final de sus días. ✒️

©Alicia Ferrari 2026 .- Integrante de Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne . Libro de próxima aparición.

En Saavedra: Así celebramos el Día del Amigo
24/07/2026

En Saavedra: Así celebramos el Día del Amigo

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