Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

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AUTOR: Emilio Martin ( con Emilio)TÍTULO: PalmarCATEGORÍA:   breveGÉNERO:  Algunos sostienen que las malas acciones reci...
22/05/2026

AUTOR: Emilio Martin ( con Emilio)
TÍTULO: Palmar
CATEGORÍA: breve
GÉNERO:

Algunos sostienen que las malas acciones reciben su castigo en vida. Otros que quien las hace las paga. Sin embargo él sentía que podía reírse de tales sentencias.
Lo había tramado durante años. Paciente como una araña tejiendo su tela. Hilo por hilo fue creando esa red invisible que le permitiría concretar la estafa perfecta. Le sumó una dosis importante de histrionismo. Durante estos años fingió una amistad con su socio que jamás sintió.
En cada cumpleaños aparecía con un regalo importante. También decía presente en cada evento que tuviera relevancia para su futura víctima. Actuaba una camaradería que llegaba a incluir cubrirle algún que otro desliz. Ante las escapadas con la secretaria, él respaldaba la coartada eficaz para despejarle cualquier duda a su esposa.
Llegó a “confesarle” penurias que jamás padeció para motivar la empatía del otro. Al recordar esto, una sonrisa se le dibujaba en el rostro. Se sentía plenamente satisfecho. Y lo que disfrutaba más era que carecía totalmente de culpa. Estaba convencido de que quien fuera capaz de diseñar semejante estafa merecía g***r de los beneficios adquiridos.
Sentía que había observado y cubierto hasta el más mínimo detalle. Nueva identidad, nuevo país de residencia. Eligió una de esas playas paradisíacas para desgranar los años venideros. Se procuró una compañía femenina al modo de cualquier otra adquisición paga.
Y allí estaba recostado sobre una manta, en la blanca arena arrullado por el rumor del mar. Gozaba de la sombra de una imponente palmera y procuraba reponerse de una intensa noche de s**o, bien rociada y con algún extra.
Sentía que había podido trazar milimétricamente esa ruta que lo llevó a la meta soñada.
Pero a veces un detalle menor lo arruina todo. Hubo un dato que quizás él desconocía o conociéndolo no le dio la debida importancia. Pero ya es tarde para eso. Él jamás lo sabrá. Un coco cayó y le partió la cabeza.
Él ignoró una estadística, confeccionada en esas latitudes, donde se afirma que es más probable morir por el impacto de un coco que por el ataque de un tiburón.
©Emilio Martin (2026) .- Integrante de Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

Gracias  Elena Beatriz¿QUÉ SIGNIFICA LA ORIGINALIDAD EN LITERATURA? Solo Dios puede crear algo de la nada. A mi entender...
21/05/2026

Gracias Elena Beatriz

¿QUÉ SIGNIFICA LA ORIGINALIDAD EN LITERATURA?

Solo Dios puede crear algo de la nada. A mi entender, lo que escribimos son recreaciones de otras obras, de otros pensamientos. La originalidad está en nuestra voz que es única y el contexto histórico de nuestro protagonista. Al menos yo escribo sobre cosas que ocurren en mi ciudad, con el lenguaje que hablamos en Tucumán, y sitúo a los protagonistas en ese contexto sociocultural.
Para ampliar:
La originalidad en literatura casi nunca consiste en inventar algo completamente nuevo. Muy pocas obras nacen “de la nada”. La literatura siempre dialoga con: otras obras, mitos, tradiciones,
géneros, estilos, temas anteriores.

La originalidad aparece más bien en la manera de transformar, combinar o mirar esos materiales.

Jorge Luis Borges decía que cada escritor crea a sus precursores. Es decir: una obra nueva modifica incluso cómo leemos las obras viejas. Por eso la originalidad no depende solamente de:
el argumento, la anécdota, o la “idea”.

Dos novelas pueden tratar exactamente el mismo tema y ser completamente distintas. Por ejemplo: celos, muerte, adulterio,
culpa, crimen, amor imposible, infancia,,locura.

Son temas antiquísimos.

Y sin embargo:
Madame Bovary,
Anna Karénina
y El túnel
no se parecen entre sí, aunque trabajen obsesiones similares.

Entonces, la originalidad suele aparecer en varios niveles.

1. La voz

Probablemente sea lo más importante.
La sensación de que nadie más podría haber escrito ese texto exactamente así.
Eso incluye: ritmo, mirada, tono, sintaxis, sensibilidad,
selección de imágenes.

Por ejemplo:
uno reconoce rápidamente una página de:
Julio Cortázar, Mariana Enríquez, Juan Rulfo, o Ariana Harwicz
aunque hablen de temas ya existentes.

2. La mirada
La originalidad muchas veces no está en lo que se cuenta sino en desde dónde se mira.
Por ejemplo:
La metamorfosis no inventa el tema de la transformación monstruosa.

Lo original es:
el tono burocrático,
la naturalidad absurda,
la culpa,
la lógica opresiva.
3. La combinación inesperada
Muchos escritores innovan mezclando elementos que antes no estaban juntos.

Por ejemplo:
policial + metafísica;
terror + crítica social;
realismo + delirio;
infancia + violencia extrema.

Ahí aparece algo nuevo.

4. La forma
A veces la originalidad es estructural:
narradores extraños, tiempo fragmentado, múltiples voces,
falsos documentos, circularidad,mezcla de géneros.
James Joyce,
William Faulkner
o Borges innovaron mucho en este plano.

5. La intensidad de la experiencia
Hay obras que parecen originales no porque inventen algo, sino porque transmiten una experiencia emocional singular.

Eso pasa mucho en literatura contemporánea.

Uno siente:
“esto fue vivido o imaginado de una manera muy personal”.
Y ahí aparece autenticidad.

6. La reescritura consciente
Muchos grandes escritores trabajan explícitamente con materiales anteriores.

Por ejemplo:
James Joyce reescribe a Homero;
Borges reescribe enciclopedias, mitos y filosofías;
Jean Rhys reescribe Jane Eyre;
Tom Stoppard reescribe Hamlet.

La originalidad ahí no es crear desde cero, sino desplazar el sentido.
Por eso hoy muchos críticos piensan que la originalidad absoluta es casi imposible.

Roland Barthes y otros teóricos hablaron de la literatura como una red de citas, ecos y reescrituras. Pero eso no vuelve menos valiosa una obra.

Al contrario:
la originalidad verdadera suele consistir en producir una forma nueva de sensibilidad, una nueva manera de ver o sentir algo que ya existía.

Y ahí aparece algo importante:
una obra puede usar materiales antiquísimos y aun así resultar profundamente original si logra:

una voz singular,
una percepción nueva,
o una intensidad irrepetible.

TÍTULO: La caricia de la muerteAUTORA: Mirta Noemí Pérez  MammanaCATEGORÍA:  GÉNERO:  La caricia de la muerteAvanza con ...
17/05/2026

TÍTULO: La caricia de la muerte
AUTORA: Mirta Noemí Pérez Mammana
CATEGORÍA:
GÉNERO:

La caricia de la muerte

Avanza con dificultad hacia la orilla del lago de Lerna. Malezas enmarañadas lo hacen trastabillar. Sus ojos buscan la orilla, pero sólo ven el suelo porque la curvatura de su espalda, como una tirana despiadada, no le permite levantar la cabeza.
Al llegar junto a las aguas, se deja caer sobre un tronco. Hay quietud y silencio. Sospecha que Hidra, la serpiente acuática, andará con sus múltiples cabezas, por la otra orilla; seguramente, habrá encontrado alguna víctima desprevenida y la estará torturando con su aliento venenoso.
Titono está tranquilo, nada puede pasarle.
Se asoma al lago de aguas brillantes como un espejo y, entonces, ve su rostro. ¡Un grito sordo de repulsión se le ahoga en la garganta! Arrugas profundas le esconden los ojos; surcos llenos de polvo y tierra barrosa le atraviesan la frente; los pómulos caen alargados, parecen derretirse, sin forma, como si los caballos de Diomedes, violentos y desbordados, se hubieran ensañado con sus bocas babeantes.
Amargas lágrimas de rencor y desaliento corren por su rostro desfigurado por el paso de años infinitos.
El príncipe de Troya célebre por su belleza es ahora este montón de carne rugosa, agrietada y macilenta.
—¿Dónde está mi reino? ¿Dónde, mis leales súbditos? —evoca retazos de su vida pasada con profunda melancolía— Ya no queda nada… Nada de mis hijos, de mis nietos. Toda mi descendencia es polvo y sólo recuerdo.
La angustia le oprime el pecho, siente que se ahoga. Tiembla.
—¡Ay, Eos, tu pasión y tu locura me arrastraron a esta condición! — Me llevaste al Extremo Oriente. Hicimos el amor en cada aurora, vivimos una pasión ardiente, desaforada y te juré amor eterno. Entonces, sin pensarlo, sin siquiera preguntarme, corriste desesperada y rogaste este don ma***to a Júpiter. ¡Eos, Eos, tu capricho me condenó!
El viento lleva su lamento hasta el Olimpo y la diosa del amanecer lo escucha. Desciende hasta la orilla envuelta en un resplandor titilante. Se acerca con temor y respeto.
—Perdón, amado —le suplica—, perdóname. No quise esta tortura para ti. Mi pasión desenfrenada me cegó y no pensé con claridad. En mi apuro, sólo le pedí a Júpiter la inmortalidad para que estuvieras eternamente a mi lado y olvidé pedirle que también te concediera la juventud eterna. Cuando me di cuenta del error, ya era tarde. ¡Mis ruegos no lo conmovieron! El dios supremo ya había cumplido mi deseo.
Eos posa su delgada mano sobre el hombro de Titonio.
—¿Podrás dejar de odiarme? —pregunta con voz quebrada— Mi deseo me empujó y preferí no escuchar la voz de la razón — ¡Qué atropellada, qué insensata fui!
Eos acerca su rostro al de su amado para besarlo, pero el hedor de su carne le hace retroceder. Huye despavorida, envuelta en su propia luz.
Titonio queda solo frente al lago. Masculla su amargura. La esperanza de que Tánatos lo envuelva en sus brazos, lo acaricie y le provoque un sueño tranquilo le está vedada. Morir, descansar para siempre después de una larga vida…¡Qué maravillosa recompensa para los mortales!
Resignándose a su destino, solloza:
—He llegado hasta aquí para enfrentarme a lo monstruoso de mi condición. Pronto seré una figura sin cuerpo, sin voz, un espectro solitario por toda la eternidad. ✒️

©Mirta Noemí Pérez Mammana 2026 - La autora integra el Grupo de Escritores Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

TÍTULO: El mapa que borra el tiempoAUTORA: Sara Llano CATEGORÍA:  GÉNERO:  El mapa que borra el tiempoEn Buenos Aires, t...
17/05/2026

TÍTULO: El mapa que borra el tiempo
AUTORA: Sara Llano
CATEGORÍA:
GÉNERO:

El mapa que borra el tiempo

En Buenos Aires, todas las tardes a las cinco, Leopoldo de ochenta y dos años, salía con la escoba a barrer la vereda en su barrio de Villa Urquiza.
Desde los balcones lo veían encorvado y decían: “La vejez es eso, repetir un gesto hasta gastarlo”.
Le dejaban pan en la reja como se deja alpiste a los pájaros que ya no vuelan.
Lo que no sabían era que Leopoldo no barría. Leía. Cada hoja seca, era una coma. Cada grieta en la baldosa, un punto y aparte.
Un martes un chico del edificio de enfrente pateó la pelota y la mandó directo contra el pasado. La pila de hojas estalló como una bandada de recuerdos.
—Disculpe, señor—dijo, preparado para escuchar el sermón de los grandes.
Leopoldo levantó la vista. Tenía los ojos limpios, de quien mira sin apuro.
—Si rompes el libro me ayudarás a escribirlo de nuevo –contestó—Es un trato.
Y empezó a dictarle la vereda.
—Acá, en 1983, Ricardo me dijo que nos fuéramos a Córdoba, porque la cosa se ponía fea. Yo me quedé. La sudestada tapó el cordón y la calle fue un río marrón tres días. Perdimos el toca discos. Pero cuando Ricardo volvió se rio y dijo que ahora teníamos pileta propia. En esta vereda aprendió a andar en bici mi sobrina. Acá se sentó, en una silla de paja, la siesta de enero y no quiso irse hasta el atardecer.
El chico se arrodilló. Apoyó la mano en el cemento. Estaba frío, pero abajo, algo latía.
La gente veía a un viejo barriendo. El chico vio a un cartógrafo trazando un país entero en cuarenta metros de vereda.
—¿Por eso habla solo? — le preguntó
Mientras juntaba una hoja en forma de corazón, Leopoldo contestó:
—No hablo con nadie en particular. Hablo con todos. La vejez no es silencio. Es tener demasiados interlocutores y ninguno con cuerpo.
Esa tarde el chico entendió el truco: cuando miramos la vejez, solo vemos el otoño. No nos damos cuenta que ellos todavía guardan todas las estaciones adentro.
Llegó octubre y Leopoldo no salió
Al tercer día, el chico tomó la escoba. Barría mal. Las hojas se le reían en la cara.
Una vecina comentó desde la ventana: “Pobrecito, cuidando al abuelo que ya no está”
El chico dejó de barrer. Miró hacia el cielo y respondió:
—No cuido a nadie. Heredé un libro. Y los libros, si no se abren se mueren.
Ahora, a las cinco, siempre hay alguien en esa vereda de Villa Urquiza. A veces el chico, a veces otros que aprendieron a leer el cemento. Los que pasan apurados dicen: “Qué triste, tan pequeño y ya atado a una escoba”
No entienden. No es una condena. Es un idioma.✒️

©Sara Llano 2026 - La autora integra el Grupo de Escritores Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

Hoy en Devoto , Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne ,
06/05/2026

Hoy en Devoto , Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne ,

TÍTULO: InevitableAUTORA: Alicia Ferrari CATEGORÍA:  GÉNERO:  INEVITABLE“No cuentes que hay detrás de aquel espejo, no t...
05/05/2026

TÍTULO: Inevitable
AUTORA: Alicia Ferrari
CATEGORÍA:
GÉNERO:

INEVITABLE

“No cuentes que hay detrás de aquel espejo, no tendrás poder
Ni abogados
Ni testigos”
Canción de Alicia en el país
Serú Girán
Delfina conservaba en la caja musical los pocos recuerdos que le quedaban de Laura: la foto de bautismo, la medalla de la Primera Comunión, los aritos abridores, regalo de nacimiento de la abuela Emilia, la cadenita de oro, regalo de su otra abuela y la maldita libreta universitaria que le había marcado su destino, sin piedad.
—Hoy hubieses cumplido setenta años y todavía no me acostumbro a vivir sin vos, hija—murmuró en la soledad implacable de la vejez.
Sus manos temblorosas, que reflejaban el paso del tiempo en su piel, pusieron en su lugar el cofre que atesoraba como el mayor bien terrenal. Lo cubrió con el pañuelo blanco, símbolo de su lucha para encontrarla. Solo faltaba una foto para completar el tributo a Laura: la de esa nieta o nieto que, tal vez, algún día llamaría a la puerta.

El teléfono de María vibró sobre la mesa. Un mensaje de su hija, Daniela, iluminó la pantalla:
—Hola, ma. ¿Cómo estás? Espero que haya pasado la migraña. Hoy no puedo ir a visitarte. Tengo reunión de consorcio después de que cierre el negocio. Besito
Los ojos llorosos mojaron sus mejillas. Un sentimiento de enorme tristeza la recorrió. Sentía la ausencia de su marido, que ya no estaba, pero más le dolía que su única hija siempre tuviera una excusa para no compartir con ella un momento. Extrañaba sus confidencias, su compañía…Eso ya pertenecía al pasado.
A los setenta y cinco años, empezaba a sentir el paso del tiempo. Su cuerpo ya no respondía con la autonomía de antes. La culpa la estaba atormentando cada día más. Había sostenido una mentira por casi cincuenta años, pero la viudez la había debilitado, se sentía vulnerable y ya no sabía si podría mantener el engaño un día más.

Cuando Daniela empezó a dudar de su origen, se contactó con Abuelas de Plaza de Mayo.
Todo fue casual. Debido a una cirugía de urgencia de su padre, se necesitaron dadores de sangre. Ahí reparó en el grupo sanguíneo de ambos: papá y mamá. No había coincidencia con el de ella.
Luego recordó las ganas de ver fotos de su mamá embarazada y siempre tenían una respuesta lógica.
—Se perdieron en la mudanza cuando eras bebé—argumentaban.
La única persona que la alentó a conocer su identidad fue su esposa, Ana. Juntas llegaron a la ONG para iniciar el trámite.
—Nací en 1978—le explicó a la secretaria—Creo que fui apropiada—remarcó.

Esa tarde, María encendió el televisor desganada, aburrida, porque así era su vida. No tenía ningún interés personal para llevar adelante. Fue impactante la noticia en la pantalla de la TV:
“Otra nieta que estaba perdida y fue encontrada”. ¡Bienvenida!
En simultáneo el teléfono sonó. Era Daniela. María no atendió. La llamada llegaba tarde.
Con paso lento se dirigió al dormitorio, abrió el cajón de la mesa de luz de su esposo. Allí estaba el arma reglamentaria que había portado toda su vida como Comisario General, la máxima jerarquía de poder.
Recordó el día que su mayor sueño se convirtió en realidad cuando Adolfo, su marido, entró a la casa de San Luis con una beba recién nacida. Fue un día perfecto: a partir de ese momento, comenzó a maternar a Daniela, su hija. Nada ni nadie se la quitaría. El traslado a Buenos Aires fue inminente. Comenzaron una nueva vida y no volvieron a mirar atrás.
Sin embargo, el destino se había torcido y el pasado había regresado mostrándole que nada dura para siempre.
El arma se disparó mientras que el teléfono no dejaba de sonar. En el piso quedó una nota, salpicada con gotas de sangre.✒️

©Alicia Ferrari 2026 - La autora integra el Grupo de Escritores Talleres CuentaCuentos de Daniel Petasne

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