08/04/2026
Avanzar contra la Ley de Glaciares es, lisa y llanamente, un retroceso.
No hay argumento técnico serio que justifique debilitar una norma que protege reservas estratégicas de agua dulce. Lo que sí hay es una decisión: priorizar intereses económicos de corto plazo por sobre un recurso esencial y no renovable.
Desde el derecho ambiental, esto es claro. Reducir niveles de protección vulnera el principio de no regresión y pone en riesgo bienes que no pueden recuperarse una vez afectados.
El problema en Argentina nunca fue la Ley de Glaciares. El problema es que muchas veces no se controla, no se fiscaliza y no se cumple.
Entonces, en lugar de fortalecer su aplicación, se propone flexibilizarla. Eso no es desarrollo: es retroceso.
Sin agua no hay producción, no hay economía y no hay futuro.
Por eso, la LEY DE GLACIARES NO SE TOCA.