20/03/2026
Hoy nos convoca una fecha que, como nos advierte Liliana Bodoc en su cuento “¡Canta, Nakín”, es imposible abordarla desde las palabras únicamente, a su decir, “Para memorizar no alcanzan las palabras! Debes recurrir a las formas. A los colores. A las banderas. Y a la música”. Necesitamos del arte, de los cuerpos, de los gestos que hacen visible lo que la lengua, por sí sola, no logra contener.
Desde la didáctica de las prácticas del lenguaje y la Literatura, asumimos ese desafío: no renunciar a la palabra, sino expandirla, hacerla dialogar con otros lenguajes. Porque hay experiencias —como las que recordamos hoy— que tensionan el lenguaje, que lo desbordan, que lo vuelven insuficiente. Y sin embargo, es en esa insuficiencia donde también se vuelve imprescindible.
En ese marco, recuperamos las reflexiones de Rita Segato en su libro “Contra-pedagogías de la crueldad”, donde nos propone pensar la violencia no como un hecho aislado, sino como una pedagogía: una forma de producir subjetividades, de inscribir en los cuerpos modos de relación que vuelven al otro disponible, que entrenan en la insensibilidad y en el ejercicio del poder. La crueldad, nos dice, se aprende, se transmite, se naturaliza.
Y frente a esa pedagogía, nuestra tarea —como docentes, como comunidad— es construir otra: una contra-pedagogías. Un modo de enseñar y de aprender que restituya la sensibilidad, que vuelva a poner en el centro el valor de la vida, del otro, de la palabra como lazo y no como herida.
En este sentido, pensamos también la ciudad como un texto que se lee y se interpreta. Los “paseos urbanos” nos invitan a desplazarnos de la palabra escrita hacia otras formas de significación: las esculturas, los monumentos, los silencios que habitan en ellos. Allí, en esas presencias quietas, la memoria encuentra otros modos de decir. Recorrer la ciudad es, entonces, una forma de lectura sensible, donde los cuerpos se implican y donde lo simbólico se vuelve tangible. Porque hay memorias que no se enuncian, pero se perciben; que no se explican, pero se sienten.
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