21/01/2026
JUJUY 🌵 La nueva perla del NOA
Hace tiempo que los vinos de la quebrada venían sonando fuerte.
Purmamarca, Tilcara, Maimará.
Nombres más asociados al turismo que al vino, que empezaban a aparecer cada vez más seguido en las conversaciones.
En Los Cocos no teníamos ninguno en góndola.
Y por eso viajamos hasta allá.
No solo para traer nuevas etiquetas, sino para entender.
Charlando con los productores, caminando los viñedos, viendo cómo se trabaja y descubriendo las condiciones extraordinarias que ofrece el lugar para hacer grandes vinos.
Una región que, aun siendo joven, ya muestra una comprensión muy clara de su clima, su altura y sus límites.
Y también, todavía, de las dificultades propias de un territorio extremo.
Lo que encontramos fueron proyectos nuevos, pero con una claridad notable.
Vinos con energía.
Que entran de una manera y se van transformando en boca, dejando sensaciones y sabores que aparecen incluso cuando el vino ya no está.
Visitamos Kindgard, junto a La Tana Bellincioni, en un proyecto familiar con restaurante y alojamiento, de cara a la quebrada.
Conocimos por fin, Yanay, de la mano del joven Ulises Fontana, con experiencia en vendimias y trabajo a ambos lados del océano con el Mono Vignoni. Una locura lo que lograron en su primer tiro: los vinos se lanzaron recién en octubre pasado, después de cuatro años de producir, afinar y dejarlos descansar hasta lograr lo que buscaban.
Y también El Bayeh, con Tomás Sampere al frente, en un seguimiento a la par de otro grande, Matías Riccitelli.
Grandes enólogos ya pusieron el ojo en una zona que, hasta hace muy poco, era casi desconocida en términos vitivinícolas.
Jujuy no busca parecerse a nadie.
Y tampoco podría, aunque quisiera.
Tiene un distintivo propio, profundo y hermoso,
que recién empieza a mostrarse en las primeras botellas.