Espacio Leiva

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Tal como lo postulo en mi libro “Abogar es pacificar” entiendo que mi rol como abogada espacialista en familia y sucesiones, mediadora, coach y mentora, es ofrecer alternativas idóneas para solucionar conflictos jurídicos a través de acuerdos eficaces. María Fernanda Leiva, es abogada egresada con diploma de honor en el año 1992; Mediadora Oficial habilitada con el Número 2528 por el Ministerio de Justicia , especialista en Derecho de Familia (UCA2002/2003) y participante de diversos cursos de actualización y capacitación en derecho y mediación.

“La casa está a mi nombre. La compré antes de empezar a convivir. ¿Por qué necesitaría la conformidad de mi pareja para ...
06/10/2026

“La casa está a mi nombre. La compré antes de empezar a convivir. ¿Por qué necesitaría la conformidad de mi pareja para venderla?”

La pregunta parece tener una respuesta evidente.

📍Si el inmueble pertenece exclusivamente a uno de los convivientes, el otro no se convierte en copropietario por el solo hecho de convivir.

👉Sin embargo, titularidad y posibilidad de disponer libremente no siempre son exactamente lo mismo.

El art. 522 del Código Civil y Comercial incorpora otro dato al análisis: la protección de la vivienda familiar.

❗️Cuando la unión convivencial está inscripta, ninguno de los convivientes puede disponer de los derechos sobre esa vivienda sin el asentimiento del otro.

Esto no modifica quién es dueño.

Protege otra cosa.

👉 El hogar familiar.

Y todavía hay una segunda pregunta.

¿Qué ocurre si el otro conviviente se niega?

La ley contempla la posibilidad de pedir autorización judicial cuando se cumplen los presupuestos correspondientes y el interés familiar no resulta comprometido.

Por eso un caso que parecía resolverse mirando únicamente una escritura necesita bastante más contexto.

¿La unión está registrada?

¿Es realmente la vivienda familiar?

¿Qué acto se pretende realizar?

¿Existe asentimiento?

¿Hay razones para solicitar autorización judicial?

Ésta es una distinción que aparece una y otra vez en Derecho de Familia:

👉tener un derecho y poder ejercerlo de determinada manera no siempre son la misma pregunta.

Por eso, antes de responder un caso concreto, hay que saber qué datos pueden modificar la respuesta.

Si estás atravesando una situación vinculada con una convivencia, vivienda o patrimonio familiar y necesitás analizar qué derechos tenés y cómo avanzar, mándame tu consulta.

Fer Leiva
Espacio Leiva®️





05/10/2026

Muchas veces se demora el inicio de una sucesión porque no parece ser algo urgente..

O porque da fiaca buscar papeles..

Tal vez, faltan ganas de tener conversaciones que pueden resultar incómodas..

Y, casi siempre, porque da bronca tener que pagarle honorarios a un abogado..

Todo eso es entendible..

El punto es que, en ocasiones, por esquivar ciertos temas, se agranda un conflicto que -abordado adecuadamente a tiempo- hubiera sido más fácil de destrabar..

O, por ahorrar unos mangos se contrata a un profesional que no es especialista en el área.

Las sucesiones presentan situaciones en las cuales convergen derechos, obligaciones, relaciones de familia y patrimonio.

Es por eso que el profesional interviniente debe ser idóneo para llevar adelante el proceso y también para gestionar emociones, vínculos y llevar adelante una estrategia que conjugue todos los intereses en juego.

Las sucesiones suelen esconder, detrás de una consulta que parece estrictamente patrimonial, años de historia familiar, posiciones enfrentadas, silencios, necesidades económicas diferentes y decisiones que nadie quiere tomar.

Por eso, después de tantos años de ejercicio profesional, sé que mi trabajo no es solamente asesorar judicialmente sino ayudar a entender por donde pasa el conflicto jurídico y diseñar una estrategia para resolverlo.

📍Si estás postergando el inicio de una sucesión, consultame.

Fer Leiva
Abogada | Derecho de familia y sucesiones
Espacio Leiva®️




05/10/2026

¿Qué querés que quede en pie cuando el conflicto termine?

Hay una pregunta que aparece con mucha frecuencia cuando alguien llega a ver a un abogado en medio de un conflicto:

“¿Qué puedo hacer?”

Es una pregunta lógica.

Quien consulta quiere saber cuáles son sus derechos, qué puede reclamar, qué posibilidades tiene, cuánto puede demorarse un proceso y, en muchos casos, si puede ganar.

Contestar esos interrogantes forma parte de nuestro trabajo.

Sin embargo, después de muchos años de ejercicio en el Derecho de Familia, aprendí que hay otra pregunta para formular antes de decidir una estrategia:

¿Qué querés que quede en pie cuando esto termine?

No siempre es fácil contestarla.

Porque cuando una persona llega a una consulta está mirando, naturalmente, aquello que ocurrió.

El hermano que ocupa una casa heredada y no quiere vender.

La ex pareja que tomó una decisión unilateral sobre un bien.

El familiar que dejó de hablar.

La discusión que lleva meses.

El dinero que no aparece.

La sensación de que el otro está obteniendo algo que no corresponde.

En ese momento, la mirada está puesta sobre el conflicto.

Y una parte importante del trabajo jurídico consiste justamente en entender qué derechos están involucrados y qué herramientas existen para protegerlos.

Pero el Derecho nos dice qué podemos hacer.

La estrategia exige decidir qué conviene hacer.

Y las dos cosas no siempre son idénticas.

Hay situaciones en las que litigar es inevitable.

Hay derechos que necesitan una decisión judicial, conductas que requieren una medida urgente y negociaciones que simplemente no tienen condiciones para prosperar.

Negociar no significa ceder.

Mucho menos renunciar a un derecho.

Tampoco creo en la idea romántica de que cualquier conflicto puede resolverse sentando a las personas alrededor de una mesa y pidiéndoles buena voluntad.

A veces eso no existe.

Precisamente por eso negociar es una tarea profesional.

Implica conocer muy bien el Derecho para saber cuál es la posición de partida, cuáles son los límites, qué alternativas existen si no hay acuerdo y qué riesgos tiene cada escenario.

Pero también exige algo más.

Entender qué está verdaderamente en juego.

Porque muchas veces aquello que las personas dicen querer al comienzo del conflicto no coincide exactamente con aquello que necesitan resolver.

Alguien puede decir:

“Quiero vender esa casa ya”.

Y detrás puede haber una necesidad económica concreta, el cansancio de afrontar gastos solo o veinte años de discusiones familiares acumuladas alrededor de ese inmueble.

Otro puede decir:

“Yo de acá no me voy”.

Y quizá detrás haya una imposibilidad económica de mudarse, un vínculo emocional muy fuerte con la vivienda familiar o la convicción de que durante años hizo aportes que nadie está reconociendo.

Un heredero puede repetir:

“A mí no me metan”.

Pero no participar también produce consecuencias.

Tres personas pueden ser titulares de derechos sobre el mismo bien y, sin embargo, estar viviendo tres conflictos completamente distintos.

Es justamente ahí donde empieza el trabajo que distingue a un profesional con experiencia.

No alcanza con saber qué porcentaje corresponde a cada uno.

Hay que comprender qué quiere cada persona, qué puede obtener jurídicamente, qué alternativas existen, cuánto cuesta cada una —en dinero, en tiempo y también en deterioro del conflicto— y cuál puede ser una solución suficientemente sólida para sostenerse después.

Esto último resulta especialmente importante.

Un acuerdo no es bueno simplemente porque evita un juicio.

Un buen acuerdo tiene que poder cumplirse.

Tiene que prever qué ocurrirá después.

Tiene que establecer obligaciones claras.

Tiene que ser jurídicamente sólido.

Y, sobre todo, tiene que resolver suficientemente el problema que llevó a esas personas hasta allí.

Porque también podemos conseguir una solución formal y dejar intacto —o incluso agravado— el conflicto que la originó.

En temas de familia y sucesiones trabajamos con personas que van a seguir siendo padres aunque se divorcien; hermanos que seguirán vinculados por otros bienes aunque logren vender uno; familias que comparten una empresa; decisiones que van a repercutir durante años.

Por eso me interesa tanto pensar qué queremos que quede en pie.

Quizá haya una relación que vale la pena preservar.

Quizá no.

Quizá lo importante sea conservar un patrimonio.

Cerrar definitivamente un vínculo.

Garantizar previsibilidad.

Proteger a un hijo.

Obtener liquidez.

Evitar que una disputa sobre un bien termine extendiéndose al resto de una familia.

O simplemente ponerle un final jurídicamente ordenado a algo que hace demasiado tiempo está abierto.

No existe una única respuesta.

Por eso tampoco debería existir una única estrategia.

En Abogar es pacificar escribí mucho sobre la necesidad de dejar de pensar conflicto y litigio como si fueran exactamente la misma cosa.

Sigo creyendo en esa idea.

Probablemente hoy la formularía incluso con más precisión.

Litigar es una de las herramientas que tenemos para intervenir en un conflicto. Negociar es otra.

La tarea profesional consiste en saber cuál utilizar, cuándo utilizarla y para qué.

A veces habrá que presentar una demanda.

Otras habrá que negociar antes.

En algunos casos convendrá abrir ambos caminos y evaluar cómo evoluciona la situación.

La experiencia no está en tener una respuesta automática.

Está en poder leer el conflicto, conocer las herramientas jurídicas disponibles y construir una estrategia que tenga sentido para esa persona concreta.

Por eso, antes de preguntarme solamente cómo ganar, cada vez me interesa más hacer otra pregunta:

Cuando todo esto termine, ¿qué necesitás que siga en pie?

La respuesta suele decir mucho sobre el camino que conviene tomar.

Fer Leiva
Abogada | Derecho de Familia y Sucesiones

Durante mucho tiempo, Espacio Leiva fue el lugar desde el que compartí una forma de mirar la abogacía y acompañé a mucha...
04/10/2026

Durante mucho tiempo, Espacio Leiva fue el lugar desde el que compartí una forma de mirar la abogacía y acompañé a muchas colegas en su desarrollo profesional.

Esa parte de mi trabajo me da mucha alegría y se mantiene de forma conjunta con mi reciente incursión en la docencia.

Sin embargo, también habita en mi otra faceta que en los últimos meses volvió a ocupar un lugar muy visible: mi ejercicio como abogada.

Hace más de 30 años que trabajo en Derecho de Familia y Sucesiones. Soy mediadora, docente, autora de Abogar es pacificar y, antes que muchas de las cosas que fui construyendo después, soy abogada.

Haga lo que haga, soy abogada

Por eso empieza una nueva etapa.

A partir de ahora, este espacio va a reunir con más claridad las dos dimensiones de mi trabajo:

• Asesoramiento jurídico en Derecho de Familia y Sucesiones, con especial foco en sucesiones, patrimonio familiar, negociación y prevención de conflictos

• Acompañamiento profesional a abogadas, a través de TRANSFORMACIÓN y mis otras propuestas de mentoría.

También estrenamos casa nueva:

📍ferleiva.com

Allí ya se pueden encontrar las consultas jurídicas, mi trayectoria y las propuestas para abogadas.

No es empezar de nuevo.

Es integrar mejor todo lo que fui construyendo.

Es generar una nueva transformación para seguir creciendo.

Gracias por acompañarme y ser parte de cada uno de mis procesos!

Fer Leiva
Espacio Leiva®️





En estos días, escuché a un famoso abogado mediático afirmar: “No hay forma de vivir mal siendo abogado”Desde mi mirada,...
04/10/2026

En estos días, escuché a un famoso abogado mediático afirmar: “No hay forma de vivir mal siendo abogado”

Desde mi mirada, hay muchas formas de vivir mal ejerciendo la abogacía

Hay colegas que hacen malabarismos para llegar a fin de mes y otros que viven al borde del colapso nervioso

A veces, incluso, las dos cosas al mismo tiempo

En lo personal, en casi 35 años de abogacía, pasé por momentos de ingresos magros y por otros con mejores montos y mucha locura

Recién después de los cuarenta y tantos empecé a pensar en qué profesión quería ejercer y fue entonces que comprendí que la única manera de “vivir bien siendo abogada” era tendiendo un puente entre la vida que quería vivir y la forma en la que ejercía la profesión

Me formulé muchas preguntas

Cada respuesta trajo un nuevo interrogante

En ese soliloquio entendí que era imprescindible fijar reglas claras en relación a algunas cuestiones básicas:

¿Dónde está mi mayor valor profesional?

¿De qué manera quiero trabajar?

¿Qué clientes quiero tener?

¿Cuánto vale lo que sé hacer?

Eso es parte de lo que enseño en las mentorías

Soy mentora porque creo que es posible crear una abogacía mejor

Una en la que los que cobran de más, los que mienten, los que engañan, los que regalan las consultas, los que hacen trampa, sean de una vez por todas reducidos a una mínima expresión

Sin embargo, como sigo cuestionando antiguas certezas, vuelvo a pensar en MI propio buen vivir como abogada

Asumo que es tiempo de reformularme una vez más y hacerme cargo de lo mucho que puedo aportarle a la abogacía jugando dentro de la cancha

Creo en una abogacía que acerque el derecho a la gente, que ofrezca soluciones, que dé respuestas claras y herramientas para prevenir conflictos innecesarios

Una abogacía seria, transparente y de excelencia

Una abogacía en la que las consultas sirven y, por lo tanto, valen

Una abogacía en la que los buenos acuerdos generan honorarios idénticos a los que se cobran por años de juicio

Una abogacía en la que la experiencia, el sentido común y la lógica jurídica le hacen jaque mate a quienes nos desprestigian

Creo en esa abogacía. Creo en mí.

Fer Leiva
Espacio Leiva®


04/10/2026

Fer Leiva en Infobae

03/10/2026

📍NEWS‼️

Fer Leiva
Espacio Leiva®️

Abrís WhatsApp para buscar qué había dicho un clienteVolvés al expediente porque no recordás en qué quedóBuscás un compr...
30/09/2026

Abrís WhatsApp para buscar qué había dicho un cliente

Volvés al expediente porque no recordás en qué quedó

Buscás un comprobante para saber si pagó

Le preguntás otra vez a quien trabaja con vos si determinada tarea estaba hecha

Y a las seis de la tarde descubrís que estuviste ocupada todo el día, pero todavía no hiciste lo que habías decidido que era importante🤯

Así se ve muchas veces el desorden de un estudio

No como una catástrofe

📍Como una suma de diez minutos perdidos, interrupciones, información dispersa y decisiones que volvés a tomar porque nunca quedó definido cómo se resuelven

Entonces pensás: “No tengo tiempo para ordenar”

Pero hay una pregunta mejor👇

¿cuánto tiempo te está costando seguir trabajando así?

Ordenar un estudio no es tener una agenda más linda

Es saber dónde está la información.

Tener registro de lo que cobraste y falta cobrar

Poder seguir un asunto sin reconstruirlo mentalmente

Delegar sin que la tarea vuelva siempre a vos

Definir prioridades antes de que las urgencias de otros las definan por vos

⭐️Y recuperar espacio para pensar en lo que sí te hace crecer👉 qué asuntos son rentables, con qué clientes querés trabajar, qué podrías dejar de hacer personalmente y hacia dónde querés llevar el estudio

Por eso, cuando una abogada llega a TRANSFORMACIÓN diciendo “necesito organizarme”, yo no empiezo por recomendarle una agenda

Primero necesito entender qué está produciendo el desorden

A veces faltan procesos. A veces hay demasiado trabajo para la estructura. A veces todo depende de ella. Y otras, el supuesto problema de organización es en realidad una suma de decisiones postergadas.

Ésa es la diferencia de TRANSFORMACIÓN 👉no usamos recetas sino que durante ocho semanas trabajamos sobre tu práctica real para detectar qué está frenando hoy tu crecimiento y qué decisiones pueden modificarlo

Si hace meses repetís “cuando tenga tiempo voy a ordenar el estudio”, la solución no es esperar a tener más tiempo

👉es trabajar sobre el sistema que hoy te lo está quitando‼️

📌Si querés solucionarlo antes del año próximo escribime “TIEMPO” por MD

Fer Leiva
Espacio Leiva®️



30/09/2026
El cuidado compartido no resuelve, por sí solo, la cuestión alimentaria.Es bastante común pensar que, si un hijo pasa pr...
29/09/2026

El cuidado compartido no resuelve, por sí solo, la cuestión alimentaria.

Es bastante común pensar que, si un hijo pasa prácticamente el mismo tiempo con cada progenitor, cada uno afronta los gastos cuando está con él y entonces no corresponde una cuota.

Pero el Código hace una distinción importante.

El art. 666 establece que, cuando ambos progenitores tienen recursos equivalentes, cada uno debe hacerse cargo de la manutención durante el tiempo en que el hijo permanece bajo su cuidado, sin perjuicio de los gastos comunes.

Ahora bien: si los recursos no son equivalentes, la respuesta cambia.

El progenitor que cuenta con mayores ingresos debe pasar una cuota al otro para que el hijo pueda g***r de un nivel de vida semejante en ambos hogares.

Ahí aparece la pregunta que faltaba.

No alcanza con saber cuánto tiempo pasa el hijo en cada casa.

También hay que mirar las posibilidades económicas de ambos progenitores, las necesidades del hijo y los gastos que deben afrontar en común.

Por eso, cuidado compartido no significa necesariamente aporte económico idéntico.

La distribución del tiempo puede ser bastante pareja y, sin embargo, la contribución económica necesitar ser diferente.

En Familia, una palabra que parece cerrar el análisis —“compartido”— puede ser apenas el comienzo.

Guardá este post si trabajás con familias✨

Fer Leiva
Espacio Leiva®️




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