11/10/2023
Son días angustiantes.
Me duele la masacre de familias, jóvenes, abuelas, bebés decapitados, mujeres violadas y secuestradas en Israel.
Me duele que la respuesta de Netanyahu sea “ Vamos a ganar” y bombardee a sus vecinos que ya están viviendo asfixiados y hambreados en manos de Hamas.
Me duele también que personas humanistas, feministas a las que respeto no se solidaricen con las víctimas y sus familias y salgan a defender al grupo terrorista que asesina y masacra no sólo a judíos sino a sus propias mujeres, disidentes, homosexuales.
Me pregunto qué están defendiendo, cómo no conmoverse con las imágenes desgarradoras que llegan desde Israel? ¿Cómo pueden decir que Israel se lo merece? Alguien puede merecerse semejante horror? No es eso antisemitismo puro encubierto de humanismo?
Esos jóvenes y familias que murieron o desaparecieron no eran extremistas, muchos eran pobladores de comunidades liberales, progresistas, activistas por la paz con los palestinos, gente hermosa, como dijo Bono. La directora de Mujeres por la paz se encuentra desaparecida.
No todo es lo mismo.
Hamas no es el pueblo palestino, es su opresor.
Netanyahu no es el Estado de Israel, es su gobierno y estuvo enfrentando tremendas protestas en su contra hasta el viernes pasado, además de varios juicios.
Podemos no estar de acuerdo con las políticas del gobierno israelí pero no por eso negar la existencia del Estado de Israel, que fue creado por resolución de la ONU, o sea con consentimiento de la comunidad internacional, en 1948, apenas tres años después del Holocausto, en una tierra donde el pueblo judío ya vivía desde hacía milenios. También en el mismo momento se creo el Estado Palestino, pero no fue aceptado por el mundo árabe que juró guerra santa a Israel y se negó a convivir con un Estado judío.
Duele escuchar a Myriam Bregman, a quien admiré y alguna vez voté, cuando no condena la masacre de población civil en Israel.
En mediación decimos que cuando uno gana y otro pierde pierden todos.
En Medio Oriente se está jugando desde hace décadas un juego de suma cero.
Nadie gana nunca.
Y pierde especialmente la población civil de ambos lados.
Dos pueblos, dos estados, dos vecinos conviviendo paz.
Hoy suena ciencia ficción pero quizá sea el único camino posible.
Ambos pueblos viven en esa tierra desde hace milenios.
Exterminar al vecino no es viable.
Que la memoria de las víctimas sea bendecida.