10/08/2026
En la responsabilidad del abogado o abogada postulante considero que existen algunas reglas que deberían llevarse a la realidad para forjarse como un buen abogado o abogada. Desde mi punto de vista considero que deberían ser las siguientes:
1.- Ser honesto y orientar correctamente al representado. Al tener un representado se requiere mucha seriedad, honestidad y el deber de orientarlo, de tal manera que se busque una solución jurídicamente viable al problema. No obstante, cuando no hay una solución posible o viable, se le debe explicar el porqué, es decir, que haga lo que haga no le llevará a nada. Por lo que cabe explicarle las ventajas y desventajas; decirle la verdad, si se puede o no, porque vale más ser honesto que después, por querer obtener más recursos a tu favor, lo engañes y te engañes a ti mismo.
2.- Estudiar constantemente y tener humildad para aprender. Debes saber que las materias y los procedimientos son extensos en información, por lo que no te frustres si no sabes algo o si desconoces algún tema. Por eso, el deber del abogado es estudiar, informarse, aprender día a día y tener la humildad de aceptar que siempre hay algo nuevo que conocer, y no encarcelarte o limitarte a decir: "ya lo sé todo", porque aquel que dice que sabe todo, en realidad, sabe poco. O puedes saber, pero no comprenderlo del todo. Así también, comparte los conocimientos sin ser envidioso; recuerda que tú también tuviste un inicio. Y no te frustres si te equivocaste o cometiste errores en la práctica, eso es muy normal y te sirve para crecer y ser mejor como abogado.
3.- Buscar soluciones antes que conflictos.
En ocasiones no es necesario llevarse todo a un juicio largo y desgastante. No hay que olvidar que también existe la conciliación, el acuerdo y el llegar a una solución pacífica. Muchos abogados tienen la creencia de que es perder, que es innecesario o que es un empate. El ego es quien se los dice, pero que no sea una pelea de egos, sino un beneficio para quien representas, porque el buen abogado buscará el beneficio de su representado. Aunque hay que enfatizar que, cuando no es posible llegar a un acuerdo, hay que continuar con carácter en el procedimiento. Sin embargo, tú, abogado o abogada, ya cumpliste con el deber de buscar una solución alterna.
4.-Lealtad, confidencialidad, tratar al representado con respeto y valorar tu trabajo. Guardar y no decirle a nadie los problemas que te comentan, porque luego se hace chisme y el representado se incomoda, ya que, con toda confianza, te cuenta sus problemas personales. También, no lo interrumpas al expresarse; escúchalo hasta que termine. Al igual, cuando le hables, que no sea de manera muy técnica, porque no logran entenderlo. Explícalo fácilmente, porque, de por sí, los conceptos, a quienes estudiamos Derecho, a veces se nos hacen difíciles de interpretar; qué decir de las personas que no están relacionados con los temas y significados. Por lo tanto, cuando estés con ellos, escúchalos y, al final, dales una estrategia explicada de manera sencilla. Asimismo, háblales de los honorarios: ni cobrar tan bajo ni tan caro; el precio debe ser razonable. Y si ves que una persona es de bajos recursos, sé comprensible y ajusta tus honorarios o, cuando así lo consideres, presta tus servicios de manera gratuita por razones de labor social. No abuses del desconocimiento de la gente, pero tampoco permitas que paguen mal tu trabajo o que te manipulen.
5.- Respetar a otros abogados y mantener una competencia sana. No hablar mal de otros abogados. La competencia debe ser sana, porque si hay envidia, rencor, maldad y resentimiento entre abogados, se mancha la imagen de quien lo hace y deja ver la poca credibilidad de su ética y de lo poco profesional que es. Asimismo, los problemas del representado y de la contraparte son de ellos y no de los abogados, por lo que no hay que generar conflicto entre abogados, porque ellos están para mediar, conciliar, postular, asesorar y defender, no para agarrar rivalidades y salirse del contexto del problema que hay que solucionar. No tomes nada personal; sé ecuánime.
6.- Amar la profesión, pero no olvidarse de la vida. Esta profesión requiere pensar y pensar, pero no te olvides de que también hay tiempos para descansar y para convivir con las personas que amas, ya que esta vida es fugaz. No te enganches con las pérdidas y con las ganadas; debes olvidarte de todo, comenzar de nuevo y amar tu profesión, para que el día de mañana puedas inspirar a tus hijos, nietos, sobrinos o a las futuras y actuales generaciones de abogados.
—Abogado Juan Carlos Chávez Pérez.