28/03/2026
Vuela alto Nohelia, cuanto daño te hizo el patriarcado y su sistema de mi**da, son ellos quienes deciden quién merece vivir, cómo debemos vivir y, sobre todo, cómo debemos morir. Y en ese control, las mujeres —y nuestras cuerpas— siempre han sido territorio en disputa.
Lo que incomoda no es la eutanasia en sí. Lo que incomoda es que una mujer decida. Que una mujer diga: hasta aquí. Que reclame soberanía incluso en el umbral de la muerte. Porque cuando una mujer toma decisiones sobre su propia cuerpa, desobedece el mandato histórico que nos quieren dóciles, resistentes al dolor y sacrificada hasta el final.
Nos enseñaron que nuestra cuerpa no nos pertenece:que es para cuidar, para parir, para sostener, para aguantar.
Pero no para decidir.
Hablar de eutanasia desde una mirada feminista no es romantizar la muerte, es disputar el control. Es decir con claridad: nuestra cuerpa no es del Estado, ni de la medicina, ni de la moral, ni de la familia. Nuestra cuerpa es nuestra.
Así como exigimos decidir sobre la maternidad, también debemos poder decidir sobre el final de nuestras vidas. No desde el abandono, no desde la precariedad que empuja a morir, sino desde la dignidad y la autonomía.
Lo verdaderamente violento no es elegir morir.
Lo verdaderamente violento es que te obliguen a vivir en condiciones indignas.
Que te arrebaten la posibilidad de decidir.
Nohelia nos recuerda algo que el sistema teme profundamente: que incluso en el dolor, incluso en el límite, las mujeres podemos ejercer poder sobre nuestras propias vidas.
Mii cuerpa es mía…
**JR🪓💜🔥