08/05/2026
Mexicali está de luto por el pequeño Vicente.
El caso de Roxana N. nos ha conmovido profundamente y creo que, antes de emitir juicios absolutos, necesitamos reflexionar sobre algo que muchas veces ignoramos: la salud mental, la violencia familiar y el impacto real del estrés extremo en las personas.
Nadie sabe realmente qué ocurrió más que ella y quienes estuvieron presentes. Lo que sí sabemos públicamente es que existían factores importantes alrededor de su vida:
• Era madre de tres hijos
• Vicente era el menor
• Había antecedentes de violencia en la relación
• Existía una separación conflictiva
• La violencia aparentemente continuaba
• Había consumo problemático de alcohol
Estos factores no justifican una tragedia, pero sí nos obligan a comprender que la mente humana tiene límites.
La violencia familiar puede generar secuelas psicológicas importantes, incluyendo ansiedad, depresión y síntomas de estrés postraumático. Una separación también implica un proceso de duelo y desgaste emocional. Si a eso se suma el alcohol como forma de escape o sedante emocional, el nivel de vulnerabilidad psicológica puede aumentar considerablemente.
También debemos hablar de la carga mental. Ser madre de tres hijos implica una responsabilidad enorme: trabajo, pagos, traslados, escuela, actividades, rutinas, tareas y presión constante. Aunque exista apoyo, la mayor carga suele recaer sobre las madres.
Por otro lado, el alcoholismo en Mexicali es un problema grave de salud pública. Está relacionado con gran parte de los accidentes automovilísticos, choques, atropellos, violencia y múltiples tragedias familiares. Muchas veces pensamos en el consumo de alcohol solo como “fiesta” o “diversión”, cuando en realidad también puede convertirse en una forma de anestesiar dolor emocional, estrés o trauma.
Y hay otro punto importante: la memoria humana no es perfecta. Bajo situaciones traumáticas, estrés extremo o efectos del alcohol, la concentración y la memoria pueden alterarse. El cerebro puede bloquear recuerdos, fragmentarlos o recordarlos parcialmente con el tiempo. Por eso, que existan inconsistencias en un testimonio no significa automáticamente que sea falso. Precisamente para eso existen peritos y especialistas que analizan evidencia psicológica, médica y forense de manera profesional y objetiva.
Ya intervino medicina forense para determinar la causa de muerte. En psicología forense también existen métodos científicos para evaluar el estado mental, el impacto del trauma y la consistencia de los testimonios. Dejemos que los expertos hagan su trabajo.
Más allá del juicio legal, esta tragedia debería hacernos reflexionar como sociedad:
• ¿Qué estamos haciendo con el problema del alcoholismo?
• ¿Qué apoyo emocional tienen las personas que viven violencia?
• ¿Qué tan normalizado tenemos el agotamiento extremo?
• ¿Cuántas personas están sobreviviendo emocionalmente mientras aparentan estar “bien”?
Tener empatía no significa justificar. Significa entender que detrás de muchas tragedias humanas existen factores psicológicos, sociales y emocionales complejos.
Ojalá este caso nos sirva para dejar de minimizar la salud mental, pedir ayuda a tiempo y cuidar más de nosotros y de quienes nos rodean.
También quisiera invitar a todos a pensar en algo muy importante: los hermanitos de Vicente.
Ellos no solo perdieron a su hermano. También están viviendo una ruptura traumática de todo su mundo emocional. Probablemente no verán a su madre por mucho tiempo y, aun cuando la vuelvan a ver, nada volverá a sentirse igual para ellos.
Además del dolor y la confusión que ya están viviendo, eventualmente crecerán y leerán comentarios, videos, publicaciones y opiniones sobre su madre y sobre su familia. Todo lo que decimos hoy, aunque parezca “solo una publicación” o “solo un comentario”, en algún momento puede llegar a ellos.
Los niños no tienen la capacidad emocional de procesar el odio social como un adulto. Ellos absorben el dolor, la culpa, la vergüenza y el rechazo de maneras profundas.
Por eso, aun dentro de una tragedia tan fuerte, debemos cuidar también cómo hablamos. Tener empatía no significa ignorar el dolor del pequeño Vicente ni dejar de buscar justicia. Significa recordar que todavía hay otros niños viviendo las consecuencias de esto.
La salud mental también comienza ahí:
en cómo hablamos,
en cómo juzgamos,
en cómo acompañamos,
y en cómo protegemos a los niños que sobreviven a las tragedias.
La sociedad también forma parte de la salud mental de nuestros niños.