Ernesto Sobrino

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Ernesto Sobrino Estratega Fiscal · Financiera · Legal para PyMEs del sureste mexicano. C.P. · M.F. · L.D. · 25 años.

Las secciones aduaneras de Puerto Morelos y del aeropuerto de Cozumel pasarán de la Aduana de Cancún a la de Progreso.La...
16/10/2026

Las secciones aduaneras de Puerto Morelos y del aeropuerto de Cozumel pasarán de la Aduana de Cancún a la de Progreso.

Las instalaciones no se mueven: cambia la aduana de la que dependen. Y todavía no aplica: su entrada en vigor depende de las disposiciones de implementación.

Desliza para ver el cambio y qué revisar con tu agente aduanal.

— Ernesto Sobrino

¿Ya prohibieron el efectivo? No.Diputados aprobó un proyecto de ley, pero el Senado todavía no lo vota. Este proyecto to...
15/10/2026

¿Ya prohibieron el efectivo? No.

Diputados aprobó un proyecto de ley, pero el Senado todavía no lo vota. Este proyecto todavía no genera nuevas obligaciones. Y no elimina el efectivo en general: busca ampliar los pagos digitales y permitiría que Hacienda defina sectores donde sean la única opción.

Desliza para ver qué propone y qué conviene revisar en tu negocio.

— Ernesto Sobrino

¿Tu proveedor apareció en los listados del SAT?Presunto no es lo mismo que definitivo, y lo que te corresponde hacer tam...
13/10/2026

¿Tu proveedor apareció en los listados del SAT?

Presunto no es lo mismo que definitivo, y lo que te corresponde hacer tampoco. Desliza para ver el semáforo, tu plazo y qué evidencia integrar desde ahora.

Guárdalo y consulta los listados periódicamente.

— Ernesto Sobrino


Validador de CFDI gratuito: https://nexfiscal.mx/recursos/herramientas/validador-cfdi/

"Calcúlame el aguinaldo de mis ocho trabajadores."Faltan dos meses para que esto sea urgente, y por eso es buen momento ...
25/09/2026

"Calcúlame el aguinaldo de mis ocho trabajadores."

Faltan dos meses para que esto sea urgente, y por eso es buen momento para hablarlo: en diciembre ya no hay tiempo de descubrir que el número estaba mal.

Es una tarea que la IA parece hecha para resolver. Le das los sueldos y las fechas de ingreso, y devuelve una tabla ordenada. Limpia, sumada, lista para pagar.

Lo que hace bien: ordena el problema. Distingue a quien trabajó el año completo de quien entró en mayo, explica la lógica de la proporcionalidad y hace la aritmética sin equivocarse.

Lo que no puede hacer: saber si los datos con los que calcula son los correctos. Y en nómina esa es toda la diferencia.

El sueldo que le diste no siempre es el que se usa. La base depende de qué integra el salario de cada trabajador, y eso incluye conceptos que el dueño no siempre tiene presentes. Si le pasas un número parcial, calcula perfecto sobre una base equivocada.

Los días trabajados se cuentan distinto de lo que parece. Incapacidades, ausencias, altas y bajas dentro del año: cada una afecta la proporción de manera específica. La IA aplica una regla general razonable, no la que corresponde al caso.

Y el aguinaldo tiene tratamiento fiscal propio: hay una parte exenta y otra gravada, medida en veces la unidad de referencia vigente. Ese valor cambia cada año, y una IA general trabaja con el que aprendió. La retención sale mal por un dato viejo, no por una mala operación.

Ese es el límite: la IA calcula bien y verifica nada. Entrega un número con cara de correcto, y el trabajador que recibe menos de lo que le toca no reclama en diciembre — reclama después, con intereses y con razón.

Mi criterio: usa la IA para entender el cálculo y ordenar los casos. Pero el número que se paga sale de datos verificados, y lo revisa quien conoce la nómina.

¿El aguinaldo de tu equipo lo tienes provisionado, o lo vas a resolver cuando llegue diciembre?

— Ernesto Sobrino

De todo el Paquete Económico 2027 hay una parte que casi nadie va a comentar y que a nosotros sí nos toca de cerca: los ...
24/09/2026

De todo el Paquete Económico 2027 hay una parte que casi nadie va a comentar y que a nosotros sí nos toca de cerca: los Polos de Desarrollo del Bienestar.

Van los mismos avisos de siempre con este tema: es una iniciativa, la discute el Congreso ahora y la vigencia propuesta es enero de 2027. No aplica hoy.

Lo que hace la propuesta es subir a rango de ley unos estímulos que hoy viven en decretos presidenciales. Y entre los polos que contempla están, además del Istmo de Tehuantepec, Progreso I y Mérida I, en Yucatán.

Para quien instale o ya tenga actividad productiva dentro de uno de esos polos, lo que se propone es fuerte:

Un crédito fiscal del 100% del ISR causado durante los primeros tres ejercicios. En los tres siguientes, entre 50% y hasta 90%, dependiendo del nivel de empleo que se genere.

Deducción inmediata al 100% de la inversión en activo fijo nuevo. No repartida en años: completa, en el ejercicio.

Y un crédito equivalente al 100% del IVA por cuatro años, para quien venda bienes o preste servicios a otros que operen dentro del mismo polo. Ese último tiene una condición que hay que entender bien: para aplicarlo no se le traslada IVA al comprador, y lo que se venda tiene que aprovecharse dentro del polo.

Todo esto requiere una constancia. No es automático por estar en la zona.

Lo que quiero dejar dicho no es un consejo de inversión, porque no lo es. Es otra cosa: durante años el sureste fue el lugar del que se hablaba en los discursos y no en los presupuestos. Que Progreso y Mérida aparezcan con nombre propio en una iniciativa de ley, con números y no con buenas intenciones, es un cambio que vale la pena registrar — se apruebe como está o se apruebe distinto.

Y para el dueño de negocio de por aquí hay una pregunta razonable que hacerse en los próximos meses: si esto camina, ¿mi actividad tiene algo que ver con esas zonas, o con quienes van a operar ahí? Porque los estímulos alcanzan también a quien les vende.

No hay nada que hacer todavía. Hay algo que seguir de cerca.

¿Tú creías que estos programas eran sólo para el Istmo, o ya sabías que Yucatán estaba adentro?

— Ernesto Sobrino

Es de las cosas que más molestan a un dueño de negocio, y la entiendo: el gasto fue real, el dinero salió de la cuenta, ...
23/09/2026

Es de las cosas que más molestan a un dueño de negocio, y la entiendo: el gasto fue real, el dinero salió de la cuenta, el servicio se prestó. Y aun así, a la hora de la verdad, no lo pudo deducir.

Cuando pasa, casi nadie hizo nada malo. Lo que falló fue el papel, no el hecho.

Y hay algo que cambió en los últimos años y que conviene saber: ya no hace falta que alguien revise tu contabilidad a mano para que esto salga a la luz. Muchas de estas diferencias se detectan solas, cruzando lo que tú declaras contra lo que el SAT ya tiene en sus bases.

Las tres razones más comunes, en lenguaje llano.

La primera: la factura dejó de ser válida después de que la recibiste. Alguien la canceló, o el negocio que te la dio quedó marcado por el SAT. El archivo que tú guardaste se ve exactamente igual que el primer día. Nadie te avisa.

La segunda: lo que dice la factura no coincide con lo que hizo el dinero. Dice que se pagó de una forma y el banco cuenta otra historia. O se pagó en efectivo algo que por su monto no podía pagarse así. El gasto existió, pero la versión escrita no cuadra.

La tercera: la factura está bien hecha pero mal usada. Un dato del destino del gasto que no corresponde, un dígito distinto en el RFC. Cosas chiquitas que son justamente las que se revisan.

Lo que quiero dejar es esto: revisar tus facturas una vez, cuando llegan, no alcanza. Lo que hay que revisar es si siguen siendo válidas hoy.

Y no hace falta hacerlo con todas. Toma los gastos más grandes del año — normalmente son unos cuantos los que concentran la mitad de todo. Ésos son los que vale la pena volver a mirar antes de que cierre el año.

¿Los gastos grandes de tu negocio los has vuelto a revisar desde el día que llegaron?

— Ernesto Sobrino

"Este año pagué muchísimo de impuestos." Lo dicen con cara de derrota, y casi siempre es la noticia contraria.Me ha toca...
21/09/2026

"Este año pagué muchísimo de impuestos." Lo dicen con cara de derrota, y casi siempre es la noticia contraria.

Me ha tocado la escena muchas veces. Un empresario llega molesto, con el comprobante del pago anual en la mano, convencido de que algo salió mal. Y cuando revisamos los números juntos, lo que encontramos es que su negocio tuvo el mejor año de su historia.

Vale la pena decirlo con calma, porque hay una confusión que cuesta dinero y tranquilidad: el impuesto sobre la renta se paga sobre la utilidad. Si pagaste más, en principio es porque ganaste más. No es un castigo por hacerlo bien. Es la consecuencia aritmética de haberlo hecho bien.

La confusión viene de mirar el impuesto solo, sin el número del que salió. Es como quejarse de que la propina fue alta sin mencionar que la cena fue para doce personas.

Ahora, dicho eso, hay tres casos en los que la molestia sí está justificada, y conviene distinguirlos.

El primero: pagaste mucho porque no dedujiste lo que podías. Gastos reales del negocio que no se documentaron bien, comprobantes que no cumplían, cosas que se pagaron en efectivo cuando no debían. Ahí no ganaste más: nada más se te fue el registro.

El segundo: pagaste mucho de golpe porque no lo viste venir. El impuesto era el correcto, pero llegó en un solo momento y sin provisión, y eso descuadró el flujo. El problema no fue el monto: fue la sorpresa.

El tercero: pagaste de más durante todo el año en los pagos provisionales, y el saldo a favor ahora hay que ir a recuperarlo. Eso sí es dinero tuyo trabajando para otro.

La pregunta útil, entonces, no es "¿por qué pagué tanto?". Es otra: ¿pagué mucho porque gané mucho, o porque algo no se hizo bien? Son dos conversaciones distintas y solo una amerita enojo.

Mi criterio, después de muchos años viendo esta escena: mide el impuesto contra la utilidad, no contra el año pasado. Y si el número te sorprendió, el problema casi nunca fue el impuesto. Fue que nadie te lo anticipó.

¿Cuando pagas impuestos sientes que perdiste algo, o que el negocio funcionó?

— Ernesto Sobrino

"Ármame el calendario de obligaciones fiscales de mi negocio para el año."Es de las peticiones más razonables que le he ...
18/09/2026

"Ármame el calendario de obligaciones fiscales de mi negocio para el año."

Es de las peticiones más razonables que le he visto hacer a una IA. Responde en segundos con una tabla ordenada, mes por mes, con buena pinta.

Lo que hace bien: la estructura. Te recuerda que existen obligaciones mensuales, anuales e informativas, y que no son la misma cosa. Ordena por mes y explica qué es cada una. Para quien nunca ha tenido el mapa completo en la cabeza, eso ya es útil.

Lo que no puede hacer: saber cuál es tu calendario. Y el problema tiene tres capas.

La primera: las fechas cambian por ejercicio. Se recorren por fines de semana, por días inhábiles, por facilidades que la autoridad publica cada año. La IA da la fecha que aprendió, con toda seguridad, sin decirte de qué año era.

La segunda: las obligaciones dependen de tu régimen y de tu operación. No es lo mismo el régimen general que RESICO, ni tener empleados que no tenerlos. Sin ese contexto te arma el calendario de un contribuyente promedio. Ese contribuyente no existe.

La tercera, y la que de verdad cuesta: lo que falta no se ve. Un calendario con doce filas se ve completo aunque le falten tres obligaciones. No hay hueco visible, no hay advertencia. La ausencia se descubre cuando llega el requerimiento.

Ese es el límite exacto: la IA es buena para explicarte qué tipos de obligaciones existen, y mala para decirte cuáles son las tuyas y cuándo vencen este año. Es la diferencia entre un mapa del terreno y tu ruta.

Mi criterio: usa la IA para entender el panorama, y arma tu calendario real contra dos cosas verificables — tu constancia de situación fiscal y el calendario oficial del ejercicio. Con quien te lleva los números, una vez al año, en una hora.

¿Tu calendario fiscal lo armaste con tu constancia en la mano, o es el que traes en la cabeza desde hace años?

— Ernesto Sobrino

Hay una conversación que conviene tener en octubre y casi siempre se tiene en diciembre.En diciembre el año ya está escr...
17/09/2026

Hay una conversación que conviene tener en octubre y casi siempre se tiene en diciembre.

En diciembre el año ya está escrito. Se vendió lo que se vendió, se gastó lo que se gastó, se invirtió o no se invirtió. Lo que queda es contar. Y contar no es decidir.

Octubre es distinto por una razón sencilla: es el único momento del año en que se tienen las dos cosas juntas. Ya hay nueve meses de operación real —no proyecciones, no estimados— y todavía quedan tres meses por delante para hacer algo con esa información.

Con eso en la mano se puede revisar si los pagos que se han hecho al SAT durante el año corresponden a cómo realmente le fue al negocio, o si se ha estado pagando de más sin notarlo. Se puede decidir si una inversión que ya estaba pensada para el año que entra conviene adelantarla. Se puede ver si el régimen fiscal sigue siendo el adecuado para el tamaño que el negocio tiene hoy, y no para el que tenía hace cinco años. Y se puede atender lo que quedó pendiente, mientras todavía es barato atenderlo.

Ese último punto merece una nota. Lo que se debe al SAT no se queda quieto: crece mes con mes, por dos vías que se suman. Y la mayoría de los dueños que traen algo pendiente saben que lo traen, pero no saben cuánto es hoy. Sin ese número no hay decisión posible: solo una incomodidad que se va empujando hacia adelante.

Nada de esto requiere ser experto. Requiere una hora, en octubre, con quien te lleva los números, y una instrucción distinta a la de siempre: no vengo a que me entregues un reporte, vengo a decidir.

¿Cuándo fue la última vez que esa conversación la tuviste a tiempo?

— Ernesto Sobrino

El lunes se presentó el Paquete Económico 2027. Es un documento largo, y la mayoría de lo que trae no te afecta. Pero ha...
15/09/2026

El lunes se presentó el Paquete Económico 2027. Es un documento largo, y la mayoría de lo que trae no te afecta. Pero hay tres cosas que sí, y prefiero que las escuches de mí antes que en una versión alarmista.

Antes de nada, lo más importante: esto es una iniciativa, no es ley. El Ejecutivo la propone, el Congreso la discute durante octubre y noviembre, y puede cambiar o no aprobarse. Nada de esto aplica hoy. Lo que sigue es para que lo tengas en el radar, no para que corras a hacer algo.

Uno. Si estás en RESICO, el techo sube. Hoy sales del régimen al pasar de 3.5 millones de pesos al año. La propuesta lo lleva a 5 millones. Para personas morales el salto es de 35 a 50 millones, y además el régimen dejaría de ser obligatorio: sería opcional. Para muchos negocios que venían creciendo con el freno puesto, esto cambia la conversación.

Y hay algo más para las morales que están en el régimen, que casi no se ha mencionado: se propone duplicar los porcentajes con los que deduces tus inversiones. Un equipo de cómputo pasaría de deducirse a la mitad por año a deducirse completo. Una camioneta, del 25% al 50%. Las construcciones, del 13% al 26%. Eso no es un tecnicismo contable: cambia cuándo recuperas fiscalmente lo que inviertes, y por lo tanto cuándo conviene invertir.

Dos. Aparece una opción de pagar IVA al 7%. Y aquí quiero ser muy claro, porque suena mejor de lo que es para algunos. La propuesta permitiría a quienes están en RESICO pagar el 7% sobre lo que cobran, en lugar del cálculo normal. Suena a descuento. Pero tiene una condición fuerte: no acreditas nada de lo que pagas de IVA en tus compras.

Si tu negocio es de servicios y compras poco, probablemente te convenga. Si eres comercializadora y traes mucho IVA acreditable, te puede salir caro. Y hay un detalle que casi nadie va a leer: la opción se toma por el año completo y no se puede cambiar a media marcha. Es de las decisiones que se hacen con números en la mesa, no de oído.

Tres. Si tu empresa factura más de 50 millones, hay un cambio grande. Se propone limitar cuánto de tus gastos puedes deducir y cuánto de tus pérdidas de años anteriores puedes aplicar. Es el cambio de mayor peso del paquete y merece su propia conversación; se la voy a dedicar esta semana a los colegas.

Mi consejo por ahora, y es un consejo de calma: no tomes ninguna decisión con esto todavía. Falta que el Congreso lo discuta. Lo que sí vale la pena es apartar un rato en octubre —que de todos modos ya te recomendé apartar para el cierre— y agregarle una pregunta: si esto se aprueba tal como está, ¿me mueve algo?

¿Ya sabías que venía, o es la primera vez que lo escuchas?

— Ernesto Sobrino

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