15/05/2026
Soy hijo de una profesora y de un profesor. Crecí viendo cómo el esfuerzo, la vocación y el amor por enseñar podían cambiar vidas. Desde muy pequeño entendí que ser maestro no es sólo una profesión, es una forma de servir, de sembrar esperanza y de dejar huella para siempre en los demás.
Hoy, al compartir el título profesional de mi padre, egresado de la Escuela Normal Rural Luis Villarreal, siento un profundo orgullo por mis raíces y por la historia de lucha y sacrificio que representa.
En Santiago de Anaya hay grandes docentes que han dedicado su vida a enseñar en las aulas, en las comunidades y en cada rincón de nuestro municipio. Muchos de nosotros somos lo que somos gracias a un maestro o maestra que creyó en nosotros cuando más lo necesitábamos.
A todas y todos ustedes, gracias por desvelarse preparando clases, por enseñar con paciencia, por orientar con cariño y por nunca rendirse aún en las circunstancias más difíciles. Su trabajo no termina cuando acaba una jornada; su legado vive en cada alumno que aprende, sueña y sale adelante.
Hoy les abrazo con respeto, admiración y gratitud. Y como hijo de maestros, les digo con el corazón en la mano: me siento profundamente orgulloso de ustedes.
¡Feliz día maestras y maestros!
𝐀𝐥𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐉𝐚𝐞́𝐧 𝐋𝐞𝐨́𝐧